Postular los Bienes Públicos en el presente es un ejercicio político de proporciones. Rompe con los fundamentos que hace 500 años dieron origen a la sociedad industrial, de servicios y financiera de nuestra época. Inmersa en la mundialización de las relaciones las características del trabajo social crean un nuevo hábitat humano. En el cambio de época surgen los Bienes Públicos como centro de las nuevas tendencias que proclama la Humanidad.
Desde las mayores contradicciones de nuestra época y, como una síntesis de lo social y lo político, se imponen transiciones hacia una nueva sociedad. En el pasado la crítica política sobre las responsabilidades sociales del modelo recaía en los actores políticos e intelectuales del neoliberalismo. Desde las filas de la izquierda surgió hace algunas décadas una corriente dispuesta a negociar espacios al interior del círculo de hierro del mercado (la deuda), sin superarlo.
Fueron los socio-liberales de la tercera vía que buscaron soslayar el problema de la deuda incurrida por la fuerza de trabajo desde niveles de salarios insuficientes o situaciones de precariedad en el segmento de empleo por cuenta propia. Desde el trasfondo de una crisis recurrente y global una fuerza social de oposición denuncia y argumenta “el agotamiento de un ciclo ideológico que encarnó hace veinte años la tercera vía y cuyas recomendaciones han caído en el desprestigio, no sólo por su fracaso sino además por el descrédito que gozan entre los mismos militantes del neoliberalismo a saber, baja de los impuestos y de las contribuciones sociales, mayor precarización, ampliación del libre comercio. (Cfr. Serge Halimi, Abril, 2016. El tiempo de la indignación. Socialdemocracia, una prolongada agonía política. Le Monde diplomatique. Edición chilena pp. 14, 15).
S. Halimi argumenta que a la derrota de un socio-liberalismo, reconocido en las últimas décadas como la tercera vía, en diversos planos de la política europea, suceden relevos políticos de una izquierda desprejuiciada que denuncia el control del capital sobre los medios de producción, el poder de los medios de comunicación, la autosuficiencia de las finanzas. Halimi menciona algunos epónimos europeos de la tercera vía a saber, William Clinton, Anthony Blair, Felipe González, Dominique Strauss-Kahn y Gerhard Schröder, sin dejar de mencionar que esta corriente también se observa en Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos.
El autor menciona a Bernie Sanders, senador demócrata y pre-candidato a la presidencia de los EEUU, quien se declara socialista, junto a Jeremy Corbyn, líder del partido Laborista inglés (2015, septiembre 12) como líderes políticos de una corriente contestaría que nace desde el seno mismo de la izquierda. Esto va sin mencionar el desprestigio del líder laborista inglés Corbyn a raíz de su actitud ambigua en el plebiscito del llamado Brexit.
Es el momento del renacimiento de fuerzas sociales heterogéneas, más propias de una izquierda sin prejuicios, o de organizaciones horizontales de la vida ciudadana, que de militantes adscritos a partidos políticos de la izquierda tradicional. En este movimiento de ideas se inscribe Stéphane Hessel (2011) quien llama a la indignación y como consecuencia de ello a la resistencia. En su lectura de la realidad denuncia la riqueza que ha aumentado, la carrera por la privatización, el dinero y la competencia, suplantando con todo ello el interés general de la sociedad.
“Sobre el plano de la historia –nuestra historia con su impronta occidental– es una historia de violencia asumida. El pensamiento productivista, la huida hacia adelante de la economía financiera –nos dice Hessel– es muy culpable pues engendra los traders, los conflictos, la competitividad, la violencia. Los avances de la tecnología, con la nanoinformática, por ejemplo, aumenta la competitividad, el crecimiento irresistible de riquezas en relación a aquellos que nada tienen. Por consiguiente, de ahí un crecimiento de la desigualdad entre los más pobres y los más ricos. Componente fracasado de conducta y que ya llegó a término. Situación en la cual el Occidente ha jugado un papel siniestro y arrastrado al mundo en una ruptura radical con esta huida hacia delante de “siempre más” en el plano financiero, pero también en el campo de la ciencia y la técnica. Ha llegado el momento que la inquietud por la ética, la justicia y el equilibrio durable prevalezca. Pues los más graves riesgos nos amenazan. Pueden poner fin a la aventura humana en un planeta que para el hombre habrá resultado inhabitable” (Ibidem, p. 16. Mi traducción –HV).
Santiago, Julio-Agosto 2024