BASES MATERIALES DEL NO ALINEAMIENTO ACTIVO. Héctor Vega

El proyecto Chile-China Express que busca conectar Valparaíso con Hong-Kong mediante un cable submarino ha dado lugar a declaraciones y contra declaraciones entre el presidente Gabriel Boric y el presidente electo José Antonio Kast, a días de la ceremonia de traspaso de poder.

El resumen de los hechos señala la escasa sintonía entre el gobierno en ejercicio y las autoridades nombradas por el presidente electo. El presidente electo acusa al gobierno de falta de transparencia y la imposibilidad de comunicarse telefónicamente con un presidente en ejercicio que oculta su identidad en ímprobas llamadas telefónicas sin recepción, etcétera. Por otra parte, el precipitado y rocambolesco desarrollo de la tramitación de la concesión, revela un amateurismo sorprendente por parte del gobierno y concretamente de la Cancillería.

Desde la firma del decreto supremo (27 de enero 2026) otorgando la concesión a la compañía China Mobile que había presentado el proyecto en 2025 – 20 mil kilómetros de fibra óptica – hasta el retiro y anulación de su trámite en Contraloría (29 del mismo mes), por “razones de tipeo” según se explicó puerilmente en un comienzo, transcurrieron apenas dos días. En realidad se trataba de presiones del gobierno de EEUU que por inter medio del embajador Judd expresaba su preocupación por un proyecto que vulneraba, según se dijo, la “seguridad regional”.

Durante el mes de febrero hubo 2 conversaciones, una el día 13 entre el ministro de transporte Juan Carlos Muñoz y Louis de Grange nombrado por el presidente electo y otra telefónica, el 18 del mismo mes entre los presidentes en ejercicio  y electo. Aparentemente, en ninguna de esas conversaciones se mencionó el tema del cable submarino. Dos días después el Canciller Marco Rubio anunciaba la cancelación de las visas del ministro Muñoz, el subsecretario de la cartera y el jefe de gabinete, esto como una advertencia a la concesión que se otorgaría a una empresa china.

En una entrevista desde la isla Juan Fernández (2 de marzo por Canal Mega) el presidente Boric sostuvo que informó del dossier cable a cabalidad a su contraparte Kast. Al día siguiente, 3 de marzo Kast precisó en una extensa conferencia de prensa que el tema cable fue mencionado conjuntamente como muchos otros de importancia, pero que esto era muy distante a señalar que se hubiese tratado en profundidad el tema en cuestión, razón por lo que después de 22 minutos, él y su equipo dieron por terminada la reunión con el presidente Boric y se retiraron de La Moneda.

En los hechos ninguna de las partes puede declarar ignorancia del tema pues la Cancillería, así como en el equipo del gobierno entrante, conoce la historia de negociaciones que se arrastra desde 2016 por un cable submarino entre Chile y el continente asiático. Es el proyecto Google-Humboldt que une a Chile con Australia. Por otra parte la dirección oficial de China Mobile en Santiago (Las Condes), corresponde a la firma de abogados de la plaza, Barros y Errázuriz, que asesora a la compañía china por lo que difícilmente puede alegarse ignorancia acerca de las gestiones a que ha dado lugar la concesión.

La ruptura entre los equipos del gobierno actual y el entrante revela dos situaciones. Por una parte, falta de una posición geoestratégica del gobierno actual y por otra, una Cancillería incapaz de valorar la importancia de Chile en el comercio internacional.

El cientista político, abogado y ex embajador de Chile en China (abril de 2014 y octubre de 2017), Jorge Heine, en sus escritos y entrevistas ha señalado que Chile perdió una década de ventaja competitiva al no concretar la propuesta de 2016 con una empresa china de una ruta directa al Asia en competencia con el monopolio de las rutas norteamericanas. En la pugna entre dos potencias la ventaja en la comunicación no es sólo tecnológica sino que plantea las ventajas que busca la hegemonía norteamericana en Latinoamérica, en lo que según EEUU se juega la  “seguridad regional”. Frente a esta difícil situación entre dos potencias Heine propone el no alineamiento activo, esto es, elegir la opción más rápida y barata, no la que le imponga una potencia por miedo a represalias. Según esto, haber cedido a implementar el proyecto a partir de la cancelación de visas no sólo debilita la soberanía de Chile sino que pone en duda su posición de socio creíble para el proyecto chino que en término de relaciones comerciales y de negocios al alcance, resulta más beneficioso. Por tanto Chile, como potencia emergente necesita según Heine de una acción diplomática eficaz. Controversias con el Hegemón, cuya diplomacia está guiada por los principios de la intervención armada, no tiene posibilidades de éxito a menos que América Latina actúe en bloque. Ese es el contexto en que Heine sitúa la tesis del no alineamiento activo.

En nuestra época la evocación del no alineamiento me parece no sólo útil sino que esencial. Desde luego, no es el no alineamiento de la posguerra, con figuras como Tito, Nehru, Nasser, Sukarno entre otros, cuando el proceso surgió de la realidad de la Guerra Fría con un enfrentamiento entre “capitalismo y comunismo”, situación alentada por el  proceso de descolonización, y sobre todo la realidad del continente africano y la política de De Gaulle en el África subsahariana a partir de los ‘60.

Dos aspectos centrales en la no alineación comercial. Uno es el reconocimiento de su dificultad política y otro es la base material que la sostiene.

Lo político significa situarnos en espacios posibles, o no alineamiento en el mundo del G2 (China y EEUU) o Guerra Fría segunda etapa, con repercusiones en el área comercial internacional, con la modalidad de alza de aranceles introducida por Trump y hoy cuestionada por la resolución de la Corte Suprema de EEUU. Pero la posición del Hegemón plantea una dificultad mayor cuando inaugura como arma suprema de negociación la intervención armada como elemento dirimente de toda negociación en el plano internacional. Esto en un sistema de relaciones internacionales entre Estados soberanos resulta inaceptable. Pero tampoco es algo nuevo. Tenemos experiencias tan lejanas como las guerras de la independencia y cercanas a nuestras fronteras como la dura y difícil relación entre el Libertador Bolívar y la gestión de Torre Tagle en Perú que termina en un interregno de guerras e inestabilidad en el período de la lucha independentista en el siglo XIX en Suramérica.

La diplomacia también se equivoca. Recordemos la conferencia de 1938 en Évian-les-Bains, cuando 22 países creyeron resolver la crisis de refugiados judíos. Peor aún cuando en septiembre de 1938 Neville Chamberlin, firmó el Acuerdo de Munich que permitía a Alemania anexionarse los Sudetes de Checoslovaquia a cambio de una promesa de paz. Eso no bastó para que en agosto de 1939 se firmara el Tratado de paz Molotov-Ribentropp.

La debilidad del Hegemón

Exploremos el segundo punto que menciono más arriba. Me refiero a la base material que Chile ostenta en el comercio internacional, específicamente el comercio del cobre nuestro principal recurso natural.

En el valor total de las exportaciones de cobre el Asia representa un 80% y el mundo occidental sólo un 20%. De ese 80% las exportaciones a China representan un 72%. En el total de las exportaciones de Chile al mundo, EEUU es un socio menor, con 6 mil millones de dólares lo que en el total representa un 11,27%. En 2025 las exportaciones totales a EEUU representaron US$ 19 mil millones y a China US$ 39.200 millones, i.e., una diferencia de más de 20 mil millones de dólares.

La geopolítica militarizada de EEUU admite una dependencia creciente en 50 minerales geoestratégicos y a Chile como uno de sus principales abastecedores. Consciente de ese hecho, el gobierno de EEUU de la época envió a Laura Richardson Jefe del Comando Sur y Janet Yellen, secretaria del Tesoro para establecer, según dijeron, una relación geoestratégica más allá de las relaciones diplomáticas normales.

Ahora bien, EEUU produce la mitad del cobre refinado que consume. Las grandes compañías que dominan el mercado de importación pero que no logran abastecer en EEUU, incluyendo aquel que procede de Chile, son Freeport-McMoRan, con sede en Arizona, operadora de la mina Kennecott y Southern Copper Corporation, filial del Grupo México. Lo que estas compañías no logran abastecer procede principalmente de Chile, Canadá y Perú. En ese comercio participan empresas como Codelco y BHP (Escondida).

El lobby de empresarios en el gobierno de Trump sabe que la parte del concentrado que logra refinar está la mayor parte de su negocio. Me refiero al paladio, platino, iridio, rodio, molibdeno, plata, oro, etcétera, que por sus aplicaciones en el mercado industrial, electrónico, médico y, especialmente ahora, el automotriz y bélico, resulta clave para sustentar en nuestra realidad local un sector minero-industrial.

Por tanto, reconocer las necesidades del Hegemón es fundamental. Ahí está nuestra fuerza negociadora. Pero eso no es el único elemento. Debemos salir de la trampa extractivista en la que hemos caído, pues ahí dominan serios vaivenes de precios amenazando la estabilidad de los mercados. La alternativa se encuentra en el terreno de la manufactura del cobre. No olvidemos que el fin de las reservas se sitúa en 2040, período en el que los costos de la extracción superarán al precio internacional del metal.

¿Por qué argumentamos desde la manufactura del metal?

En 2024 Chile representaba el 29% de la producción de cobre en el mundo. Accidentes en la mina de El Teniente y la explotación de yacimientos de más baja ley, determinaron una baja en la producción que hoy solo representa un 25% (5,4 millones de toneladas, 2025). Lo que es una señal de las medidas que deben tomarse en Chile para, en un futuro inmediato, reemplazar la visión extractivista actual para posicionarnos en el mercado de aleaciones e insumos necesarios en el proceso de cambio climático y procesamiento de datos.

Pese a que el valor total de las exportaciones de cobre es de más de US$ 50 mil millones el financiamiento al presupuesto nacional, está representado por los impuestos pagados por la minería privada y los excedentes de la estatal Codelco, lo que no supera los US$ 4.637 millones. Cifra insignificante si se tiene en cuenta la demanda creciente por los Bienes Públicos. Situación inevitable en un proceso de menor crecimiento de la población paralelo a un envejecimiento progresivo de esta.

Pues bien, el caso de Chile, con bajas leyes del mineral el futuro en el contexto de Suramérica es el de las aleaciones (Master Alloys), y otras aplicaciones que residen en la compleja cadena de valor del sector – área dominada por las transnacionales en su comercio de exportación de cátodos. Esto nos alerta acerca del futuro que Chile debe explorar en sus relaciones comerciales para adicionalmente posicionarse con fuerza en una estrategia de no alineación en sus relaciones comerciales.

Cito a continuación dos mercados internacionales que van en el sentido de la estrategia señalada

Una tonelada de barros anódicos, en el mercado suizo, contiene 2 kilos de oro, además de otros subproductos que se funden nuevamente en los lugares de desembarque de los cátodos exportados. Al agregar otros metales (Zn, Cr, Ni, Sn, Mn, etcétera) se obtienen propiedades de alta conductividad y maleabilidad. Ese acto eleva el valor del producto en un 50%.

En el mercado alemán de aleaciones se observan diferencias importantes en el valor de las aleaciones rods (US$/Ton) en relación a los cátodos (US$/Ton) en 21 países que reporta la estadística KME-WITS.

Desde luego Chile no aparece en la estadística señalada donde se destacan los casos de Suecia y Polonia donde el valor de las aleaciones representa 6 veces el de los cátodos; en Lituania y Bulgaria más de 5 veces; en Grecia y EEUU casi 5 veces, en UK, Suiza y Francia casi 4 veces.

El caso de Aurubis (fundición y refinería de Hamburgo, Alemania), uno de nuestros clientes de concentrados de cobre, nos permite señalar el lucrativo negocio de los subproductos en el mercado mundial. Baste decir que 10 subproductos de concentrados de cobre a precios de mercado (agosto de 2025), registraron un valor de mercado de 22,5 mil millones de dólares.

El mercado con China debe mantenerse dentro de la perspectiva que surge del no alineamiento comercial. Recordemos que el 12 de diciembre de 1970 el gobierno de Salvador Allende estableció relaciones diplomáticas con China. Han sido 55 años en que se reconoció a China como un socio de importancia, para en 2005 firmar un Tratado de Libre Comercio.

Las bases materiales están dadas para así concretar negociaciones con el mundo industrializado en cadenas de valor cada vez más complejas y de mayor alcance para nuestro propio desarrollo. El futuro a la búsqueda de equilibrios en medio de intervenciones unilaterales de EEUU plantea una dificultad mayor pero no insalvable. Abandonar el extractivismo, es decir intercambios desiguales entre materias primas y productos manufacturados, implica integrarnos a estadios superiores de desarrollo. Lo que conlleva la posibilidad de comercio sin alineamientos con EEUU y China. Es la visión soberana de intercambios de la que históricamente hemos carecido. Visión que no se tomó en cuenta en el dossier del cable submarino con China y la importancia del no alineamiento activo en situaciones que involucran al conjunto de nuestro comercio internacional y en particular al cobre nuestro principal recurso natural.

Santiago marzo 7 2026

MATERIAL BASES OF ACTIVE NONALIGNMENT. Héctor Vega

The Chile-China Express project, which seeks to connect Valparaíso with Hong Kong via a submarine cable, has given rise to statements and counter-statements between President Gabriel Boric and President-elect José Antonio Kast, just days before the transfer of power ceremony.

The summary of events highlights the poor rapport between the current government and the authorities appointed by the president-elect. The president-elect accuses the government of a lack of transparency and the impossibility of communicating by telephone with a sitting president who conceals his identity in numerous unsuccessful phone calls, among other issues. Furthermore, the rushed and convoluted handling of the concession process reveals a surprising amateurishness on the part of the government, and specifically the Ministry of Foreign Affairs.

From the signing of the supreme decree (January 27, 2026) granting the concession to China Mobile, the company that had submitted the project in 2025 – 20,000 kilometers of fiber optic cable – until the withdrawal and cancellation of its processing by the Comptroller General’s Office (January 29), for » typing errors ,» as was childishly explained at first, only two days elapsed. In reality, it was due to pressure from the US government, which, through Ambassador Judd, expressed its concern about a project that, it was said, threatened «regional security.»

During February, there were two conversations: one on the 13th between Transportation Minister Juan Carlos Muñoz and Louis de Grange, appointed by the president-elect, and another by telephone on the 18th between the outgoing and incoming presidents. Apparently, the submarine cable project was not mentioned in either conversation. Two days later, Foreign Minister Marco Rubio announced the cancellation of the visas of Minister Muñoz, the Undersecretary, and the Chief of Staff, as a warning against the concession that was to be granted to a Chinese company.

In an interview from Juan Fernández Island (March 2nd, broadcast on Canal Mega), President Boric stated that he had fully informed his counterpart, Kast, about the cable dossier. The following day, March 3rd, Kast clarified in a lengthy press conference that the cable issue was mentioned along with many other important matters, but that this was far from indicating that the topic in question had been discussed in depth. For this reason, after 22 minutes, he and his team ended the meeting with President Boric and left La Moneda Palace.

In reality, neither party can claim ignorance of the matter, as the Foreign Ministry, as well as the incoming government team, is aware of the history of negotiations that have dragged on since 2016 regarding a submarine cable between Chile and the Asian continent. This is the Google-Humboldt project, which connects Chile with Australia. Furthermore, China Mobile’s official address in Santiago (Las Condes) corresponds to the local law firm Barros y Errázuriz, which advises the Chinese company, so ignorance of the proceedings surrounding the concession can hardly be claimed.

The rift between the current and incoming government teams reveals two issues. On the one hand, the current government lacks a geostrategic position, and on the other, the Foreign Ministry is unable to appreciate Chile’s importance in international trade.

Political scientist, lawyer, and former Chilean ambassador to China (April 2014 to October 2017), Jorge Heine, has stated in his writings and interviews that Chile lost a decade of competitive advantage by failing to finalize the 2016 proposal with a Chinese company for a direct route to Asia, which would have competed with the monopoly of North American routes. In the struggle between these two powers, the advantage in communication is not only technological but also reflects the advantages sought by North American hegemony in Latin America, where, according to the US, “regional security” is at stake. Faced with this difficult situation between the two powers, Heine proposes active non-alignment, that is, choosing the fastest and cheapest option, not the one imposed by a power out of fear of reprisals. According to him, having agreed to implement the project based on visa cancellations not only weakens Chile’s sovereignty but also calls into question its position as a credible partner for the Chinese project, which, in terms of trade and business opportunities, is more beneficial. Therefore, according to Heine, Chile, as an emerging power, needs effective diplomatic action. Controversies with the Hegemon, whose diplomacy is guided by the principles of armed intervention, have no chance of success unless Latin America acts as a bloc. This is the context in which Heine situates the thesis of active non-alignment.

In our time, the evocation of non-alignment seems to me not only useful but essential. Of course, it is not the non-alignment of the post-war era, with figures like Tito, Nehru, Nasser, and Sukarno, among others, when the process arose from the reality of the Cold War with a confrontation between “capitalism and communism,” a situation fueled by the process of decolonization, and above all by the reality of the African continent and De Gaulle’s policies in sub-Saharan Africa fromthe 1960s onward.

Two central aspects of trade non-alignment are the recognition of its political difficulty and the material basis that sustains it.

The political aspect means positioning ourselves within possible spaces, either non-alignment within the G2 world (China and the US) or a second Cold War, with repercussions in the international trade arena, exemplified by the tariff increases introduced by Trump and now challenged by the US Supreme Court ruling. However, the Hegemon’s position presents a greater difficulty when it establishes armed intervention as the ultimate negotiating tool, the deciding factor in all international negotiations. This is unacceptable in a system of international relations between sovereign states. But this is not entirely new. We have experiences as distant as the wars of independence and as recent as the harsh and difficult relationship between the Liberator Bolívar and the Torre Tagle administration in Peru, which culminated in an interregnum of wars and instability during the 19th-century South American independence struggles.

Diplomacy can also make mistakes. Recall the 1938 conference in Évian-les-Bains, where 22 countries believed they had resolved the Jewish refugee crisis. Even worse, in September 1938, Neville Chamberlin signed the Munich Agreement, which allowed Germany to annex the Sudetenland of Czechoslovakia in exchange for a promise of peace. This was not enough to prevent the signing of the Molotov-Ribbentrop Peace Treaty in August 1939.

The weakness of the Hegemon

Let’s explore the second point I mentioned above. I’m referring to the material base that Chile possesses in international trade, specifically the trade of copper, our main natural resource.

Asia accounts for 80% of the total value of copper exports, while the Western world represents only 20%. Of that 80%, exports to China account for 72%. The United States is a minor partner in Chile’s total exports worldwide, with $6 billion, representing 11.27%. By 2025, total exports to the United States are projected to reach $19 billion, while exports to China are expected to reach $39.2 billion, a difference of over $20 billion.

The militarized geopolitics of the US acknowledges a growing dependence on 50 geostrategic minerals, with Chile as one of its main suppliers. Aware of this fact, the US government at the time sent Laura Richardson, head of the Southern Command, and Janet Yellen, Secretary of the Treasury, to establish, as they stated, a geostrategic relationship that went beyond normal diplomatic relations.

However, the US produces only half of the refined copper it consumes. The large companies that dominate the import market but are unable to supply the US domestic market, including copper from Chile, are Arizona-based Freeport-McMoRan, operator of the Kennecott mine, and Southern Copper Corporation, a subsidiary of Grupo México. The copper these companies cannot supply comes primarily from Chile, Canada, and Peru. Companies such as Codelco and BHP (Escondida) participate in this trade.

The business lobby within the Trump administration knows that the portion of the concentrate they manage to refine represents the bulk of their business. I’m referring to palladium, platinum, iridium, rhodium, molybdenum, silver, gold, and so on, which, due to their applications in the industrial, electronics, medical, and, especially now, automotive and defense markets, are key to sustaining a mining and industrial sector in our local context.

Therefore, recognizing the Hegemon’s needs is fundamental. That’s where our negotiating power lies. But that’s not the only element. We must escape the extractive trap we’ve fallen into, as it’s dominated by serious price fluctuations that threaten market stability. The alternative lies in copper manufacturing. Let’s not forget that the end of reserves is projected for 2040, a period in which extraction costs will exceed the international price of the metal.

Why are we arguing from the perspective of metal manufacturing?

In 2024, Chile accounted for 29% of global copper production. Accidents at the El Teniente mine and the exploitation of lower-grade deposits led to a decline in production, which now stands at only 25% (5.4 million tons, 2025). This underscores the need for Chile to take measures in the immediate future to replace its current extractive approach and position itself in the market for alloys and inputs essential for addressing climate change and processing data.

Although the total value of copper exports exceeds US$50 billion, the financing of the national budget comes from taxes paid by private mining companies and the surplus of the state-owned Codelco, which does not surpass US$4.637 billion. This is a negligible figure considering the growing demand for public goods. This situation is unavoidable in a context of slower population growth coupled with a progressively aging population.

In the case of Chile, with its low ore grades, the future in the South American context lies in master alloys and other applications within the sector’s complex value chain—an area dominated by transnational corporations in their cathode export trade. This highlights the future Chile must explore in its trade relations to further strengthen its position through a strategy of non-alignment in its trade relationships.

I will now cite two international markets that align with the strategy outlined.

One ton of anode sludge, on the Swiss market, contains 2 kilograms of gold, in addition to other byproducts that are melted down again at the landing sites of the exported cathodes. Adding other metals (Zn, Cr, Ni, Sn, Mn, etc.) results in properties of high conductivity and malleability. This process increases the product’s value by 50%.

In the German alloy market, significant differences are observed in the value of rod alloys (US$/Ton) in relation to cathodes (US$/Ton) in 21 countries reported by the KME-WITS statistics.

Chile certainly does not appear in the statistics mentioned, which highlight the cases of Sweden and Poland where the value of the alloys represents 6 times that of the cathodes; in Lithuania and Bulgaria more than 5 times; in Greece and the USA almost 5 times, in the UK, Switzerland and France almost 4 times.

The case of Aurubis (a smelter and refinery in Hamburg, Germany), one of our copper concentrate customers, highlights the lucrative nature of the by-products market worldwide. Suffice it to say that 10 copper concentrate by-products, priced at market rates (August 2025), had a market value of US$22.5 billion.

The trade relationship with China must be maintained within the framework of non-alignment. It’s worth remembering that on December 12, 1970, the government of Salvador Allende established diplomatic relations with China. For 55 years, China was recognized as an important partner, culminating in the signing of a Free Trade Agreement in 2005.

The material foundations are in place to conduct negotiations with the industrialized world in increasingly complex and far-reaching value chains for our own development. The future, seeking equilibrium amidst unilateral US interventions, presents a greater but not insurmountable challenge. Abandoning extractivism—that is, unequal exchanges between raw materials and manufactured goods—implies integrating ourselves into higher stages of development. This entails the possibility of trade without alignment with the US and China. It is the sovereign vision of trade that we have historically lacked. This vision was not considered in the dossier on the submarine cable with China, nor was it taken into account the importance of active non-alignment in situations involving our entire international trade, and particularly copper, our main natural resource.

Santiago, March 7, 2026

BASES MATÉRIELLES DU NON-ALIGNEMENT ACTIF. Héctor Vega

Le projet Chile-China Express, qui vise à relier Valparaíso à Hong Kong par un câble sous-marin, a donné lieu à des déclarations et contre-déclarations entre le président Gabriel Boric et le président élu José Antonio Kast, quelques jours seulement avant la cérémonie de passation de pouvoir.

Le résumé des événements met en lumière les relations tendues entre le gouvernement actuel et les autorités nommées par le président élu. Ce dernier reproche au gouvernement son manque de transparence et l’impossibilité de communiquer par téléphone avec un président en exercice qui dissimule son identité lors de nombreux appels infructueux, entre autres griefs. Par ailleurs, la gestion précipitée et complexe du processus de concession révèle un amateurisme surprenant de la part du gouvernement, et plus particulièrement du ministère des Affaires étrangères.

Entre la signature du décret suprême (27 janvier 2026) accordant la concession à China Mobile, société ayant soumis le projet en 2025 – portant sur 20 000 kilomètres de câble à fibre optique – et le retrait et l’annulation de son traitement par le Bureau du Contrôleur général (29 janvier), pour de « fautes de frappe », comme cela a été expliqué de façon puérile dans un premier temps, seuls deux jours se sont écoulés. En réalité, cette décision était due aux pressions du gouvernement américain qui, par la voix de l’ambassadeur Judd, avait exprimé son inquiétude quant à un projet menaçant, selon le gouvernement, la « sécurité régionale ».

En février, deux conversations ont eu lieu : l’une le 13 entre le ministre des Transports, Juan Carlos Muñoz, et Louis de Grange, nommé par le président élu, et l’autre par téléphone le 18 entre le président sortant et le président élu. Apparemment, le projet de câble sous-marin n’a été évoqué dans aucune de ces conversations. Deux jours plus tard, le ministre des Affaires étrangères, Marco Rubio, annonçait l’annulation des visas du ministre Muñoz, du sous-secrétaire d’État et du chef de cabinet, en guise d’avertissement contre la concession qui devait être accordée à une entreprise chinoise.

Dans une interview accordée depuis l’île Juan Fernández (le 2 mars, diffusée sur Canal Mega), le président Boric a déclaré avoir pleinement informé son homologue, Kast, du dossier des câbles. Le lendemain, 3 mars, Kast a précisé lors d’une longue conférence de presse que la question des câbles avait été évoquée parmi de nombreux autres sujets importants, mais que cela ne signifiait en aucun cas que le sujet en question avait été abordé en profondeur. C’est pourquoi, après 22 minutes, lui et son équipe ont mis fin à la réunion avec le président Boric et ont quitté le palais de La Moneda.

En réalité, aucune des deux parties ne peut prétendre ignorer le dossier, car le ministère des Affaires étrangères, tout comme la nouvelle équipe gouvernementale, est au courant de l’historique des négociations qui s’éternisent depuis 2016 concernant un câble sous-marin entre le Chili et le continent asiatique. Il s’agit du projet Google-Humboldt, qui relie le Chili à l’Australie. De plus, l’adresse officielle de China Mobile à Santiago (Las Condes) correspond à celle du cabinet d’avocats local Barros y Errázuriz, qui conseille l’entreprise chinoise ; il est donc difficile d’affirmer qu’elle ignore les procédures relatives à cette concession.

La rupture entre l’équipe gouvernementale actuelle et la nouvelle équipe révèle deux problèmes. D’une part, le gouvernement actuel manque de vision géostratégique ; d’autre part, le ministère des Affaires étrangères peine à saisir l’importance du Chili dans le commerce international.

Jorge Heine, politologue, juriste et ancien ambassadeur du Chili en Chine (avril 2014 à octobre 2017), a déclaré dans ses écrits et interviews que le Chili a perdu une décennie d’avantage concurrentiel en ne finalisant pas, en 2016, la proposition d’une liaison aérienne directe vers l’Asie avec une entreprise chinoise. Cette liaison aurait pu concurrencer le monopole des routes nord-américaines. Dans la lutte entre ces deux puissances, l’avantage en matière de communication n’est pas seulement technologique ; il reflète également les intérêts recherchés par l’hégémonie nord-américaine en Amérique latine, où, selon les États-Unis, la « sécurité régionale » est en jeu. Face à cette situation délicate, Heine préconise un non-alignement actif, c’est-à-dire choisir l’option la plus rapide et la moins coûteuse, et non celle imposée par une puissance sous la contrainte de représailles. Selon lui, accepter de mettre en œuvre ce projet en se basant sur l’annulation de visas affaiblit non seulement la souveraineté du Chili, mais remet également en question sa crédibilité en tant que partenaire du projet chinois, pourtant plus avantageux en termes d’opportunités commerciales. Par conséquent, selon Heine, le Chili, en tant que puissance émergente, a besoin d’une action diplomatique efficace. Les différends avec la puissance hégémonique, dont la diplomatie est guidée par les principes de l’intervention armée, n’ont aucune chance d’aboutir à moins que l’Amérique latine n’agisse de concert. C’est dans ce contexte que Heine situe la thèse du non-alignement actif.

À notre époque, l’évocation du non-alignement me paraît non seulement utile, mais essentielle. Il ne s’agit bien sûr pas du non-alignement de l’après-guerre, avec des figures comme Tito, Nehru, Nasser et Sukarno, entre autres, lorsque ce processus est né de la réalité de la Guerre froide et de la confrontation entre « capitalisme et communisme », situation alimentée par le processus de décolonisation et, surtout, par la réalité du continent africain et la politique de De Gaulle en Afrique subsaharienne à partir des années 1960.

Deux aspects centraux du non-alignement commercial sont la reconnaissance de sa difficulté politique et la base matérielle qui le soutient.

Sur le plan politique, il s’agit de se positionner au sein des espaces possibles, soit le non-alignement au sein du G2 (Chine et États-Unis), soit une seconde Guerre froide, avec des répercussions sur le commerce international, comme l’illustrent les hausses de tarifs douaniers introduites par Trump et aujourd’hui contestées par la Cour suprême américaine. Cependant, la position hégémonique pose un problème majeur lorsqu’elle érige l’intervention armée en ultime instrument de négociation, en facteur décisif dans toutes les négociations internationales. Ceci est inacceptable dans un système de relations internationales entre États souverains. Mais ce n’est pas un phénomène entièrement nouveau. Nous en avons des exemples aussi anciens que les guerres d’indépendance et aussi récents que les relations tendues et difficiles entre le Libérateur Bolívar et le gouvernement de Torre Tagle au Pérou, qui ont abouti à une période d’instabilité et de guerres lors des luttes d’indépendance sud-américaines du XIXe siècle.

La diplomatie peut aussi se tromper. Rappelons-nous la conférence d’Évian-les-Bains de 1938, où 22 pays pensaient avoir résolu la crise des réfugiés juifs. Pire encore, en septembre 1938, Neville Chamberlin signa les accords de Munich, qui autorisaient l’Allemagne à annexer les Sudètes tchécoslovaques en échange d’une promesse de paix. Cela ne suffit pas à empêcher la signature du traité Molotov-Ribbentrop en août 1939.

La faiblesse de l’hégémon

Examinons maintenant le deuxième point que j’ai mentionné plus haut. Je fais référence à la base matérielle dont dispose le Chili dans le commerce international, et plus particulièrement au commerce du cuivre, notre principale ressource naturelle.

L’Asie représente 80 % de la valeur totale des exportations de cuivre, tandis que le monde occidental n’en représente que 20 %. Sur ces 80 %, les exportations vers la Chine représentent 72 %. Les États-Unis constituent un partenaire mineur des exportations chiliennes mondiales, avec 6 milliards de dollars, soit 11,27 %. D’ici 2025, les exportations totales vers les États-Unis devraient atteindre 19 milliards de dollars, tandis que celles vers la Chine devraient atteindre 39,2 milliards de dollars, soit une différence de plus de 20 milliards de dollars.

La géopolitique militarisée des États-Unis reconnaît une dépendance croissante à l’égard de 50 minéraux géostratégiques, dont le Chili est l’un des principaux fournisseurs. Consciente de cette situation, l’administration américaine de l’époque a dépêché Laura Richardson, commandante du Commandement Sud, et Janet Yellen, secrétaire au Trésor, afin d’établir, selon leurs propres termes, une relation géostratégique dépassant le cadre des relations diplomatiques habituelles.

Cependant, les États-Unis ne produisent que la moitié du cuivre raffiné qu’ils consomment. Les grandes entreprises qui dominent le marché de l’importation, mais qui sont incapables d’approvisionner le marché intérieur américain, notamment le marché du cuivre chilien, sont Freeport-McMoRan (basée en Arizona et exploitante de la mine de Kennecott) et Southern Copper Corporation, filiale de Grupo México. Le cuivre que ces entreprises ne peuvent fournir provient principalement du Chili, du Canada et du Pérou. Des sociétés comme Codelco et BHP (Escondida) participent à ce commerce.

Les milieux d’affaires au sein de l’administration Trump savent que la part du concentré qu’ils parviennent à raffiner représente l’essentiel de leurs revenus. Je parle du palladium, du platine, de l’iridium, du rhodium, du molybdène, de l’argent, de l’or, etc., qui, de par leurs applications dans les secteurs industriel, électronique, médical et, surtout aujourd’hui, automobile et de la défense, sont essentiels au maintien d’un secteur minier et industriel dans notre région.

Il est donc fondamental de prendre en compte les besoins de l’hégémonie. C’est là que réside notre pouvoir de négociation. Mais ce n’est pas le seul élément. Nous devons sortir du piège de l’extraction minière dans lequel nous sommes tombés, car il est caractérisé par de fortes fluctuations de prix qui menacent la stabilité du marché. L’alternative réside dans la production de cuivre. N’oublions pas que l’épuisement des réserves est prévu pour 2040, période durant laquelle les coûts d’extraction dépasseront le prix international du métal.

Pourquoi raisonnons-nous du point de vue de la fabrication des métaux ?

En 2024, le Chili représentait 29 % de la production mondiale de cuivre. Les accidents survenus à la mine d’El Teniente et l’exploitation de gisements à plus faible teneur ont entraîné une baisse de la production, qui ne représente plus que 25 % (5,4 millions de tonnes en 2025). Cette situation souligne l’urgence pour le Chili de prendre des mesures afin de remplacer son modèle extractif actuel et de se positionner sur le marché des alliages et des intrants essentiels à la lutte contre le changement climatique et au traitement des données.

Bien que la valeur totale des exportations de cuivre dépasse 50 milliards de dollars américains, le budget national est financé par les taxes payées par les sociétés minières privées et par l’excédent de la société d’État Codelco, qui ne dépasse pas 4,637 milliards de dollars américains. Ce montant est négligeable au regard de la demande croissante de biens publics. Cette situation est inévitable dans un contexte de ralentissement de la croissance démographique et de vieillissement progressif de la population.

Dans le cas du Chili, dont les minerais sont peu riches, l’avenir, dans le contexte sud-américain, réside dans les alliages mères et d’autres applications au sein de la chaîne de valeur complexe du secteur – un domaine dominé par les multinationales dans leurs exportations de cathodes. Ceci met en lumière les perspectives que le Chili doit explorer dans ses relations commerciales afin de consolider sa position grâce à une stratégie de non-alignement.

Je vais maintenant citer deux marchés internationaux qui correspondent à la stratégie décrite.

Sur le marché suisse, une tonne de boues anodiques contient 2 kilogrammes d’or, ainsi que d’autres sous-produits qui sont refondus sur les sites de réception des cathodes exportées. L’ajout d’autres métaux (Zn, Cr, Ni, Sn, Mn, etc.) confère au produit des propriétés de conductivité et de malléabilité élevées. Ce procédé augmente sa valeur de 50 %.

Sur le marché allemand des alliages, des différences significatives sont observées dans la valeur des alliages de barres (US$/tonne) par rapport aux cathodes (US$/tonne) dans 21 pays recensés par les statistiques KME-WITS.

Le Chili n’apparaît certainement pas dans les statistiques mentionnées, qui mettent en avant les cas de la Suède et de la Pologne où la valeur des alliages représente 6 fois celle des cathodes ; en Lituanie et en Bulgarie plus de 5 fois ; en Grèce et aux États-Unis près de 5 fois ; au Royaume-Uni, en Suisse et en France près de 4 fois.

Le cas d’Aurubis (une fonderie et raffinerie située à Hambourg, en Allemagne), l’un de nos clients pour le concentré de cuivre, illustre la rentabilité du marché mondial des sous-produits. À titre d’exemple, dix sous-produits du concentré de cuivre, valorisés aux prix du marché (août 2025), représentaient une valeur marchande de 22,5 milliards de dollars américains.

Les relations commerciales avec la Chine doivent être maintenues dans le cadre du non-alignement. Il convient de rappeler que le 12 décembre 1970, le gouvernement de Salvador Allende a établi des relations diplomatiques avec la Chine. Pendant 55 ans, la Chine a été reconnue comme un partenaire important, ce qui a abouti à la signature d’un accord de libre-échange en 2005.

Nous disposons des bases matérielles nécessaires pour mener des négociations avec le monde industrialisé, au sein de chaînes de valeur de plus en plus complexes et étendues, pour notre propre développement. L’avenir, marqué par la recherche d’un équilibre face aux interventions unilatérales des États-Unis, représente un défi de taille, mais non insurmontable. Renoncer à l’extractivisme – c’est-à-dire aux échanges inégaux entre matières premières et produits manufacturés – implique de nous intégrer à des stades de développement supérieurs. Cela suppose la possibilité de commercer sans alignement sur les États-Unis et la Chine. C’est cette vision souveraine du commerce qui nous a historiquement fait défaut. Cette vision n’a pas été prise en compte dans le dossier relatif au câble sous-marin avec la Chine, pas plus que l’importance d’un non-alignement actif dans les situations touchant l’ensemble de notre commerce international, et en particulier le cuivre, notre principale ressource naturelle.

Santiago, le 7 mars 2026

Deja un comentario