MANUEL CABIESES DONOSO, escribe

UN ENERGÚMENO EN LA CASA BLANCA

Desde enero del 2017, cuando Trump asumió la presidencia de EE.UU., el mundo vive al borde del precipicio. Las decisiones demenciales del presidente norteamericano son una insolente provocación a la independencia y soberanía de muchas naciones.

Para Trump no hay límites éticos ni humanitarios. Igual ordena masacrar poblaciones en el Medio Oriente o asesinar a control remoto a críticos del imperialismo; sin titubear inicia una guerra comercial que pone a temblar la economía mundial, como de un plumazo priva de alimentos y medicinas a pueblos que las necesitan para sobrevivir.

La brutalidad de sus diktats ha convertido a su propio país -el más rico del mundo- en el principal foco de la pandemia de coronavirus y abierto sospechas que se trate de una filtración de los laboratorios de guerra bacteriológica del Pentágono

La grosera agresividad del desquiciado mandatario golpea muy duro a naciones hermanas. Venezuela y Cuba son víctimas de la saña de Trump. El bloqueo a esos países tiene un propósito genocida. Intenta diezmar sus poblaciones mediante hambre y epidemias. Un método bestial para estrangular los procesos liberadores en ambos países. El bloqueo a Cuba y Venezuela es un crimen de lesa humanidad que merece el castigo de la Corte Internacional de Justicia y la protesta de las naciones del continente.

El bloqueo impide a Venezuela y Cuba abastecerse de recursos para combatir el coronavirus y de alimentos e insumos que requieren sus economías. El bloqueo les impide acceder al comercio y al crédito internacional. El FMI negó a Venezuela -por presión de Washington- un préstamo de 5 mil millones de dólares pero si no existiera el bloqueo norteamericano Venezuela sería un cliente regalón de la banca internacional. Es el reservorio más importante de petróleo y otras riquezas que le permiten garantizar su deuda externa. Además, Trump se apoderó en agosto del año pasado de cuantiosos bienes venezolanos en territorio norteamericano. Miles de millones de dólares -entre ellos la refinería Citgo- fueron secuestrados por el gobierno de EE.UU.

Trump ha intentado por todos los medios –incluyendo un frustrado magnicidio- eliminar al presidente legítimo de Venezuela. Hace más de un año, en gesto propio de un monarca administrando sus colonias, designó un “presidente encargado” de Venezuela. Su “virrey” se comprometió a derrocar al presidente Nicolás Maduro en el plazo de un mes. Pero el tiempo pasó y el “encargado” se convirtió en un triste fantoche inútil para el imperio. Por eso Trump ha resucitado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un instrumento de la guerra fría, para preparar el asalto a Venezuela. Colombia, principal abastecedor de cocaína para millones de drogadictos de EE.UU., es la plataforma logística para la agresión a Venezuela. En territorio colombiano existen varias bases militares norteamericanas y el ejército local está controlado por el Pentágono. Washington, asimismo, ha proveído fondos y armas para varias conspiraciones golpistas fracasadas. La alianza pueblo-fuerzas armadas es la clave patriótica y revolucionaria del proceso que se desarrolla en Venezuela desde hace 20 años. Sobreponiéndose a enormes dificultades -y a las consecuencias lamentables de sus propios errores- el país continúa orientando su revolución hacia el socialismo en las condiciones del siglo XXI. En la conciencia colectiva ha germinado la semilla que sembró el presidente Hugo Chávez y el gobierno del presidente Maduro -de indudable legitimidad democrática- desafía a diario los pronósticos derrotistas del periodismo que manipula el imperio.

Cuba, a su vez, conmueve al mundo con el ejemplo de su solidaridad. Asediado desde 1960 por el bloqueo comercial y financiero de EE.UU., que le ha significado pérdidas por 140 mil millones de dólares, el pueblo cubano ha vuelto a demostrar la fibra moral de su revolución. El internacionalismo -que entiende la Humanidad como un conjunto de hermanos- es la piedra angular de su cultura, educada en la revolución de Fidel y el Che.

Es una isla pequeña –poco más grande que nuestra región de Antofagasta- y, además, pobre. Pero su grandeza moral y política la hace respetable entre las naciones y amada por los pueblos. Su tenacidad como nación y una lúcida dirección política, han convertido a Cuba en un baluarte de la medicina y la investigación científica. Sus laboratorios trabajan en cooperación con China en la búsqueda de una vacuna contra el Covid-19. El prestigio de su medicina le ha permitido una vez más acudir en ayuda de otros pueblos para combatir la pandemia.

Un enemigo mortal de Cuba como Trump, multimillonario en dólares pero indigente en ideas y principios, no podrá derrotar a la revolución cubana. Ya lo intentaron todos los presidentes de EE.UU. desde hace 60 años.

El internacionalismo inclaudicable de Cuba es una enseñanza para nosotros que marchamos a la zaga de sus niveles de conciencia colectiva.

Su ejemplo permite suponer que en el futuro la cultura universal se basará en los principios humanistas que hoy proclama esa luminosa isla del mar Caribe.

Fuente: https://www.puntofinalblog.cl/

30 de marzo 2020

MARIANO PUGA, ORA PRO NOBIS

El cura-obrero Mariano Puga, que falleció hace una semana, tenía una fe de acero en el derecho del pueblo a construir una sociedad de iguales. En la historia de la iglesia católica –sumida hoy en la vergüenza de los horribles delitos de centenares de crápulas con sotanas-, hay nombres respetables y queridos.

En Chile, por ejemplo, el cura Fernando Vives Solar, precursor de la doctrina social de la iglesia en los años 30; el obispo Manuel Larraín, que impulsó la reforma agraria en los 60; Alberto Hurtado, creador de la Acción Sindical Chilena (Asich), que se preguntó si Chile era realmente un país católico; Enrique Alvear, el “obispo de los pobres”, que apoyó la resistencia contra la dictadura; el obispo Fernando Ariztía y su valiente rol en el Comité Pro Paz; los curas-obreros Mariano Puga, José Aldunate y Roberto Bolton, activistas del Movimiento contra la Tortura “Sebastián Acevedo”; el español Antonio Llidó, el chileno-británico Miguel Woodward, y el francés André Jarlan, víctimas del terrorismo de estado; el irlandés Liam Holohan, cuyo nombre lleva hoy una calle de la población Sara Gajardo de Cerro Navia; Pierre Dubois, valiente defensor de los pobladores de La Victoria; Rafael Maroto, miembro del comité central y vocero público del MIR, detenido y relegado por la tiranía; Alfonso Baeza Donoso, Vicario de la Pastoral Obrera, que planteó establecer un “salario máximo” en Chile; Eugenio Pizarro Poblete, candidato presidencial de la Izquierda en 1993, que prosigue su labor pastoral; Pablo Fontaine, relegado en La Unión, y que a los 89 años no descansa en su clamor por una iglesia de los pobres; Leo Wetli, teólogo que enriquece la doctrina en su trabajo entre pescadores y aymaras. También las mujeres: religiosas como Blanca Rengifo, fundadora con la abogada Fabiola Letelier del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo -Codepu-; la norteamericana Roberta Rioux y la francesa Andrée Devaux, militantes de la prensa clandestina; la francesa Marie-Aimee Viannais (“Teresa”), en el Comité Pro Paz y con las mujeres encarnadoras de la pesca artesanal de San Antonio y la comunidad aymara en Arica, donde falleció.

La lista es mucho más larga. La mayoría de esos héroes son hombres y mujeres anónimos. Es una tarea pendiente rescatar sus nombres y rendirles el homenaje que merecen.

Algunos curas-obreros provenían de familias encopetadas, como la de Mariano Puga Concha. Sus ramas genealógicas alcanzaban hasta Mateo de Toro y Zambrano, presidente de la primera Junta de Gobierno de la titubeante independencia de Chile. El padre de Mariano hizo estudios primarios y secundarios en Zúrich y París –como acostumbraba la burguesía de la época-, fue destacado político liberal y embajador en Estados Unidos. Acorde a esa tradición, Mariano estudió primaria y parte de la secundaria en Londres. Un compañero de ideales, el cura-obrero José Aldunate Lyon, tuvo institutriz inglesa y cursó los primeros estudios en Londres.

No estaba escrito que hijos de la burguesía se convirtieran en estandartes morales de los trabajadores. Pero la historia la escriben los hechos y la protagonizan quienes se atreven a romper con la tradición.

Algunos fueron atraídos al sacerdocio en la universidad. Mariano Puga estudiaba arquitectura -que inspiró más tarde su trabajo como pintor de brocha gorda-; Roberto Bolton, casi fue dentista; Alfonso Baeza Donoso, mi primo, era ingeniero civil e hijo de un prestigioso médico pediatra, Arturo Baeza Goñi; Rafael Maroto, mi camarada, estudió derecho y fue obrero en la construcción del Metro de Santiago.

La acción de estos curas y religiosas creó puentes sólidos entre explotados creyentes y no creyentes. Sus pilares se enclavaron en una práctica social común. Esto permitió descubrir las identidades ideológicas que existen entre cristianismo y marxismo. Esa hermandad de ideales es fundamental para levantar la alternativa al modelo de sociedad que hoy se hunde en el fracaso, la desigualdad y la corrupción.

Los testimonios de vida de los curas-obreros Puga, Bolton, Aldunate, Maroto, Baeza, y de las religiosas Rengifo, Rioux, Devaux y Viannais, merece el reconocimiento de la generación actual de los hombres y mujeres de iglesia.

La iglesia católica -en tanto institución- sigue un camino de gradual extinción. Pero la fe de millones de creyentes es una fuerza enorme a participar en el cambio social que se avecina. El papa Francisco hace esfuerzos por resucitar el espíritu evangélico. Pero sus palabras se las lleva el viento y sus propias contradicciones. Una burocracia petrificada gobierna la iglesia cuya concupiscencia abofetea a la pobreza que día a día aumenta en el mundo.

Creyentes y no creyentes necesitamos que el espíritu rebelde de los curas-obreros renazca de sus cenizas. Es el ingrediente indispensable para la gran alianza que permitirá construir la mayoría por la igualdad y la justicia social.

Creyentes y no creyentes necesitamos las oraciones de hombres como Mariano Puga para afrontar las luchas que se avecinan.

Mariano, ruega por nosotros.

Fuente: https://www.puntofinalblog.cl/post/mariano-puga-ora-pro-nobis

21 de marzo 2020

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