EL DISCURSO DE BIDEN. Héctor Vega

En un discurso reciente el presidente de EE.UU., Joe Biden señaló que la “infraestructura de nuestra nación se está desmoronando. Es inaceptable que una de cada cinco millas de nuestras carreteras esté en ‘malas condiciones’, que decenas de millones de estadounidenses carezcan de acceso a banda ancha de alta velocidad ….. Somos la nación más rica del mundo, pero ocupamos sólo el décimo lugar en la calidad general de nuestra infraestructura, según el Foro Económico Mundial”.

No solo eso, el cambio climático hace estragos en el territorio de los EE.UU.

Echemos una mirada a esa situación crítica.

La falta de mantenimiento y modernización de la infraestructura productiva de EEUU, según el Mckinsey Global Institute, es evaluada en más de un billón (millones de millones) de dólares. En su discurso Biden ofreció 1,3 billones en 10 años. La infraestructura material se refiere a rutas, aeropuertos, obras portuarias, tranques, obras de regadío, defensas contra huracanes y tornados, etcétera.

Me pregunto. ¿Puede ser compatible la riqueza de ese país cuando todavía se discuten los alcances de la pobreza, la cobertura de salud y la educación para millones de habitantes? 15% de su población vive bajo el umbral de la pobreza esto es, 50 millones. En 2020 se contaban 12 millones de inmigrantes indocumentados en condiciones de trabajo precario y de escasa cobertura de salud y educación.

El problema es si acaso el crecimiento puede generar mejores las oportunidades económicas que se niegan a la población. No parece ser esa la opción cuando los seguros de desempleo y cupones de alimentos no logran resolver la situación de millones de familias en situación de necesidad.

El presidente Obama apeló a un plan de salud (Medicare), aumento del salario mínimo y fondos para las escuelas de la infancia, es decir medidas compensatorias en un contexto de desigualdades de ingreso. De cualquier manera la pobreza entre los que tienen empleo a tiempo completo revela otra faceta de estas desigualdades. Según las estadísticas se trata de 3% según las estadísticas; pobreza que alcanza a 33% entre aquellos que no trabajan.

La doctrina del sistema dice que si se considera la ciencia y la tecnología como factores centrales de la actividad productiva es porque tienen una influencia capital en los niveles de productividad y calidad de vida. Lo cual debería reflejarse en niveles de remuneración y empleo. Cosa que la realidad demuestra que no sucede.

¿Qué sucede? Según la doctrina la complejidad del acto productivo resuelve en el mercado la asignación de los medios que llevarán al empleo a las remuneraciones y al financiamiento de la infraestructura necesaria. Por tanto, Biden señala lo contrario. El mercado no ha resuelto los déficits que el presidente señala en su discurso. Más aún, las instituciones no parecen estar calibradas para resolver la enorme Deuda Social que exhibe EE.UU.

Las falencias de infraestructura constituyen la contrapartida de un desarrollo sustentable que los diferentes gobiernos no han asumido. En el período 1970-1990 se calculó una baja de la productividad de alrededor de 1.5%. En el presente se comprueban bajas de la productividad de 3% en el sureste de EE.UU. con daños por tormentas, incendios, olas de calor cuyos costos se evalúan en miles de millones de dólares,a lo cual se suman, los efectos del huracán Sandy en Nueva York.

El alza en el nivel del mar con propiedades que quedarán físicamente bajo la superficie del agua en la costa este de EEUU, se proyecta para 2050 con pérdidas entre 60 mil y 106 mil millones de dólares. Las inundaciones de las Costas Este y del Golfo de México ya comenzaron y la preocupación está enfocada en conocer de qué manera pueden paliarse los daños que se producen en el presente.

La prensa nacional y local de EEUU es prolífica en denuncias y medidas que se toman para resolver los efectos de las inundaciones en las costas. En una de estas publicaciones se señala la costa de Norfolk, Virginia donde se financian señalizaciones de puntos bajos inundados por el mar que ponen en riesgo la circulación de vehículos demasiado bajos para atravesarlas. Otros casos dan cuenta de la Isla Tybee en Georgia (800 kilómetros al sur de Virginia) donde la carretera que la une al continente se inunda por el mar, aislando la población varias veces al año. El financiamiento de estas medidas, en lo que podría calificarse de micro inversiones locales, pone en evidencia la magnitud de los costos globales que acarrea el cambio climático. En algunos de estos casos, la prensa señala a Fort Lauderdale, Florida, donde el Ayuntamiento invierte millones de dólares en la reconstrucción de caminos, drenajes dañados y camiones para drenar el agua de mar de las calles.

La administración federal otorgó a Virginia más de 100 millones de dólares para cubrir las necesidades de la comunidad durante décadas. Norfolk, una ciudad de 250 mil habitantes exhibe un inventario de necesidades calculadas en US$ 1200 millones.

Un programa en la zona de South Miami cifra el sistema de tuberías de drenaje en US$ 50 millones; plan destinado a reemplazar las fosas sépticas amenazadas por el creciente nivel freático. Otro ítem presupuestario es la reconstrucción de calles y drenaje pluvial donde los gobiernos del Sur de Florida calculan un costo de miles de millones de dólares. Como un contrasentido se señala el gasto de miles de millones de dólares incurridos por el gobierno federal en subsidiar proyectos de construcción en zonas de riesgo.

En un contexto global, el interrogante no resuelto, de la ciencia del clima es la rapidez que tomará el aumento del nivel del océano. Algunos estiman entre uno y dos metros el mayor aumento factible al horizonte 2100. Esto tiene que ver con estimaciones discutidas en la COP21 de Paris basadas en los gases de efecto invernadero sobre el derretimiento del hielo terrestre.

De continuar el deterioro ambiental al ritmo actual, a fines del siglo las pérdidas aumentarían entre 238 mil y 507 mil millones de dólares; afectando a 85 millones de personas y más de 3000 millones de dólares en pérdidas.

Los estados de Nueva York, Maryland, Virginia, Pensilvania, Carolina del Norte, Tennessee, Kentucky, Delaware, Nueva Jersey y Georgia y Washington DC se vieron afectados la tercera semana de enero 2016 con una de las mayores nevadas (Jonás) de este siglo con 76 centímetros de acumulación de nieve. En Carolina del Sur y Carolina del Norte, dos de los primeros Estados en sufrir el impacto de Jonas 140.000 residentes quedaron sin energía eléctrica. La tormenta y las inundaciones también causaron cortes a 49.000 vecinos de Nueva Jersey, al norte. Durante la emergencia se cancelaron más de 9000 vuelos desde que comenzó la tormenta en la costa este.

Por el calor extremo, en Estados del suroeste y grandes llanuras se calculan pérdidas en rendimientos medios de 50 y 70% en cultivos anuales de maíz, soya, algodón, trigo. Pérdidas que superarían las ganancias en áreas de menor temperatura.

Actualmente este escenario se replica en el mundo con efecto sobre los precios de materias primas como el café, el azúcar y la soya, y repercusiones en la recuperación económica de los países desarrollados. Todo ello con efectos desestabilizadores sobre países que importan la mayor parte de sus alimentos.

Un estudio del Mckinsey Global Institute, (2015 septiembre), sobre infraestructura global evalúa la contrapartida de la Deuda Social global en 1 billón de dólares al año. Es decir, de satisfacerse estas necesidades en infraestructura la Deuda Social bajaría en ese monto. Cabe preguntarse si este cálculo de ahorros considera los costos provocados por la huella de carbono implícita en el suministro de energía por combustibles fósiles en la construcción de la infraestructura programada.

Biden calcula su plan en 1,3 billón de dólares en 10 años. Asumamos que la materialidad de los cálculos sea correcta pero, me pregunto, ha evaluado realmente la Deuda Social que cubriría con ese monto y en ese período. No estoy seguro de ello cuando veo el cúmulo de externalidades negativas que se ventilan en la arena política, el mercado, y los tribunales. La judicialización de la política en EE.UU. es un hecho que demuestra que los Bienes Públicos están lejos de ser cubiertos, o al menos abordados.

Esto de la infraestructura es un fenómeno mundial. El estudio del Mckinsey Global Institute trata las infraestructuras globales en 84 países que representan más del 90 % del PIB mundial; se refiere a transporte (carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos), energía, agua y telecomunicaciones. El Instituto McKinsey estimó que la necesidad de infraestructura mundial entre el 2013 y 2030 es 57 trillones de dólares. El PIB mundial en 2019 era 87 trillones de dólares esto es, la necesidad de infraestructura representa 66%.

Es ilustrativo ver un ranking internacional acerca del stock de infraestructura en relación al PIB. En la comparación se incluye caminos, puertos, aeropuertos, agua, energía, ferrocarril. En economías avanzadas –por ejemplo, EEUU, UK, Canadá– es sorprendente constatar cifras más bajas de infraestructura en relación al PIB que aquellas observadas en economías emergentes. Esto se puede observar en la lista siguiente: Chile 53%, Brasil 53%, UK 48%, Canada 46%, USA 49%, Alemania, 59%, España 57%, Finlandia 59%,  Australia 62%, China 69%, Polonia 68%, Italia 66%. Suiza 71%, Sudáfrica 70%. El promedio excluyendo Chile y Brasil sitúa el stock de necesidades en infraestructura en un 60% del PIB.

En el caso de Chile para cubrir la brecha de stock de infraestructura el país debería invertir en promedio el 4,3% del PIB hasta el 2030, “0,8 adicionales a lo necesario para mantener el stock en el nivel actual”. Es decir sin degradarlo.

La realización del potencial de la economía exige reponer y crear el stock de infraestructura que permita el desarrollo de los proyectos en la economía real. Sin la base mínima de una planificación del stock productivo –rutas, aeropuertos, agua, energía, ferrocarril– es imposible la proyección de la actividad productiva en la economía. No cabe duda que esta realidad es la que ha motivado al presidente Biden en su discurso sobre la infraestructura a la Nación.

Mayo 31, 2021

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