CUBA EN EL CORAZÓN. Héctor Vega

Resulta difícil imaginar una tierra como un saco de mierda que desde donde lo tocas te ensucias porque el crimen y la prostitución de la mafia norteamericana clamaban como tierra suya esa isla caribeña a apenas 90 millas del Imperio. Por eso cuando los 81 del Granma, el 2 de diciembre de 1956, desembarcaron en una punta del mangle nombrada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas se escucharon desde las desventuras del pasado las voces de Maceo y de Martí clamando por un destino mejor como lo habían soñado desde las guerras de la independencia.

No habían transcurrido dos años de la entrada triunfal de la revolución en La Habana, cuando el presidente norteamericano decidió recuperar lo perdido en Playa Girón. No era posible sostener ante el mundo y la historia un mensaje antiimperialista, anticapitalista tan cerca y tan lejos de la Patria del dólar y los negocios. Kennedy fue el primero de muchos otros que vendrían en el transcurrir de estos 60 años de agresiones, sabotajes, con manos ajenas, como acostumbra disfrazarse el odio y la venganza por los bienes nacionalizados. Jimmy Carter fue una excepción en esos años que desbarataban todo diálogo, propició las secciones de intereses en Washington y La Habana. Pero cuando asumió Reagan incluyó a Cuba en 1982 entre aquellos Estados Patrocinadores del Terrorismo, crítica que durante la administración G. W. Bush se intensificó y se la acusó de apoyar causas revolucionarias y nacionalistas en América Latina y África. Las sanciones alcanzaron al comercio y las inversiones y a todos aquellos que se declararon solidarios con la nueva cara que mostraba al mundo la Revolución cubana.

Cuando Reagan, Thatcher y el Papa Wojtyla celebraron junto a Gorbachov la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría se encendieron las alarmas del infortunio y los malos presagios. El año 1991 se recuerda como el inicio de innumerables y trágicas urgencias que el comando de la Revolución denominó el “período especial”. Lejos de los tiempos de la caña de azúcar, algunos inversores del viejo continente presintieron tiempos mejores para una economía sin rumbo en medio de sucesivas crisis que ponían en jaque el sistema de planificación socialista y control de los mercados.

Las transnacionales del turismo creyeron que en algún momento el intercambio y los nuevos negocios serían posibles. El acuerdo entre Raúl y Obama les dio la razón porque elevó la economía de los servicios y el turismo como la espuma que llegó a La Habana y a los municipios del interior. Fueron 8 años de iniciativas, nuevos mercados, impensadas aperturas al exterior que las Asambleas Provinciales y los congresistas a nivel nacional celebraron desde las esferas del poder.

En 1996, Cuba admitió de forma explícita la necesidad de hallar una solución negociada a los reclamos por las nacionalizaciones. En 2015 esta intención de la parte cubana se discutió por delegaciones de ambos países así como la devolución del territorio ocupado por la base naval de Guantánamo desde 1903. En esas reuniones la delegación cubana agregó a las indemnizaciones planteadas por la parte norteamericana las sumas que debían restarse por perjuicios causados por el embargo de más de medio siglo, evaluado en 121.000 millones de dólares a lo que agregó una cifra de 181.000 millones de dólares por daños humanos causados al pueblo cubano.

Todo eso llegó a su fin con la primera presidencia de Trump que de una plumada borró los acuerdos del pasado, “porque el precio de la soberanía de Cuba es el mal ejemplo al resto de Latinoamérica y al mundo”. Peor todavía, legitimaba el poder político que se había instaurado desde la primera hora, cuando en 1959 se nacionalizaron la Cuban Electric Company, ITT, North Sugar Company, Standard  Oil y Texaco entre otras.

En esto de las indemnizaciones, bajo el título: «Multinacional paga indemnización a familia cubana por uso de bienes confiscados en la isla«, apareció en EFE, el 31 de mayo del 2021 el siguiente comentario: “Una multinacional suiza de materiales de construcción y los herederos de una familia cubana a la que le fueron confiscados en la isla tras la revolución de 1959 llegaron al primer acuerdo de indemnización bajo una ley de Estados Unidos que permite desde 2019 demandas a terceros que usufructúan ese tipo de propiedades. Se trata de la primera resolución de una demanda judicial bajo el llamado Título III de la Ley Helms Burton de 1996 o Ley Libertad, que fue activada por el Gobierno de Donald Trump (2017-2021)”. Fue una noticia en la dirección correcta, pues la multinacional beneficiada en la confiscación de bienes se hacía cargo de indemnizar a la familia expropiada. El acuerdo tomaba en cuenta las tres partes en conflicto: el tercero beneficiado; Cuba país de las nacionalizaciones; EEUU autor de las leyes compensatorias.

65 años después las carencias vitales de la población cubana llegaron de la mano de la crisis económica. El partido único no vio, o no quiso ver, los muchos cambios que se discutían en calles y puestos de trabajo, cuando el pueblo se debatía en la escasez de alimentos, medicinas, combustible, apagones, y una inflación galopante.

Cuando en las llamadas democracias europeo-occidentales y sus desventuradas copias en Latinoamérica, no da el ancho para encontrar fórmulas, la clase política, hace oídos sordos al reemplazo que se impone como consecuencia inmediata de la frustración. Quiero decir que esto no sólo es patrimonio de los regímenes de partido único, también lo es de sistemas de dos o muchos partidos que se reparten el poder en fórmulas destinadas al fracaso.

Están lejos los tiempos de la invasión de mercenarios en la Bahía de Cochinos. Aventura del Imperio que se selló con el acuerdo entre Kennedy y Kruschev que significó el retiro de los misiles y el compromiso de Estados Unidos de no invadir la isla. En los años siguientes se ensayaron muchas fórmulas, el cerco a la isla se cerró aún más y la segunda presidencia de Trump inauguró otras tantas.

Según las claves de su próxima presidencia se intensificarán las sanciones y se afinarán las viejas tretas, entre ellas, el pie seco, que significa otorgar ipso facto la ciudadanía norteamericana al cubano fugitivo del régimen; negar insumos esenciales para la producción de medicinas; sanciones a quienes comercian con la isla; recortar la ayuda de los cubanos residentes en Estados Unidos a sus familias en la Isla, etcétera. Junto a deportaciones masivas de quienes entraron ilegalmente, Trump anuncia el fin de la ciudadanía por derecho de nacimiento mediante una simple orden ejecutiva, en esta oleada que viene hay benevolencia para los dreamers (soñadores) del programa de Acción Diferida para los Llegados en la infancia (DACA) a Estados Unidos, que podrán quedarse en el país.

Biden se enredó en los recovecos del poder en Washington y aceptó como destino ineludible cerrar aún más el cerco con nuevas fórmulas de bloqueo. Fue tanto el desatino de este tembloroso octogenario que en la desesperación del naufragio de la isla, sus más íntimos consejeros le advirtieron que nada bueno podía venir cuando se le comparara con Don Valeriano Weyler general español del siglo XIX, apodado el carnicero, inventor de los campos de concentración en Cuba.

El balance de la última década demuestra que ante las urgencias de antiguos aliados, Rusia, China, Venezuela, el cerco sin piedad, se cierra sobre una población cada vez más vulnerable. Cuba sin aliados para resolver este desmadre en la economía que ya no conoce límites se enreda en sus propias carencias. Las cifras son impactantes: 1.795.682 cubanos salieron del país entre 2022 y 2023, lo que equivale a 18% de su población, de los cuales 603.923 llegaron a Estados Unidos en esos dos años. El balance etario registra que 77% de los migrantes cubanos tiene entre 15 y 59 años.

Este éxodo en diferentes épocas representa 3,5 millones de cubanos, lo que debiera restarse a la cifra oficial de 11,1 millones, por lo que la isla tendría actualmente una cifra que oscila entre 7,6 y 8,6 millones de habitantes.[1] Ante este fenómeno el demógrafo cubano Juan Carlos Albizu-Campos se refiere a un virtual vaciamiento de población, con la consiguiente pérdida de mano de obra fenómeno crítico que pone en jaque la recuperación económica del país. Ante carencias cada día más agudas, el sistema abre válvulas impensadas en el pasado, como es el levantamiento de restricciones de viaje, especialmente hacia Ecuador y Nicaragua.

Ante tamaño desangramiento, pienso, que el Pueblo que apoyó la Revolución, aquel que ancló su destino al compromiso con los pueblos del mundo, que derramó su sangre en los campos de batalla de Cuito Cuanavale en Angola, que dejó muestras imborrables de solidaridad con los pueblos de África, el sudeste asiático y Latinoamérica, debe ser llamado a tomar parte activa en uno de los momentos más difíciles de la historia de la Revolución. Parte activa, sin restricciones, en una consulta o Referéndum Revocatorio, o Plebiscito, como quiera que se llame, donde las actuales autoridades planteen a la población su aprobación o desaprobación de las medidas que se han tomado para enfrentar la crisis.

Si el voto es de aprobación a la gestión de las actuales autoridades, entonces que se plantee por estas, un Plan de medidas concretas que la población deberá votar en un plazo razonable. Por el contrario si el voto es de desaprobación, deberá llamarse a la elección de nuevas autoridades a nivel de presidente de la república y congresales.

En esas elecciones directas participarán todos, el actual Partido Comunista en el poder, así como otros e independientes. El sistema indirecto, actualmente vigente en Cuba, donde los congresales eligen al presidente de la república, deberá ser reemplazado por otro donde mediante votación directa se elige al ciudadano que servirá como presidente de la República.

Corresponderá a las nuevas autoridades negociar con Estados Unidos para restablecer relaciones sobre la base del levantamiento del embargo, así como la devolución del territorio donde se sitúa la base naval de Guantánamo. Con ello se habrá dado cumplimiento a las resoluciones de Naciones Unidas votadas cada año sistemáticamente por la Asamblea. Por último, se creará un Fondo de NN.UU destinado a la facilitación del regreso a la Isla de los inmigrantes y período de transición.

Pienso que someterse a un referéndum revocatorio o plebiscito es escuchar la voz del Pueblo cubano, ya sea de aprobación o desaprobación de las medidas actuales. Este ejercicio dejará la puerta abierta para nuevas consultas y elección de nuevas autoridades, como elementos irremplazables de la democracia.

Santiago, diciembre 31, 2024


[1] Cifras calculadas por el demógrafo cubano Juan Carlos Albizu-Campos, publicadas en El Mercurio, Internacional, A 6, 09/12/2024.

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