Las noticias de Bloomberg hoy comentaban la ganancia de US$1.400 millones en derivados de tasas de interés extranjeras hace un año, sin embargo, el mes pasado la cifra señaló pérdidas hasta por US$7.700 millones. Francisco López del área económica de Bío Bío explica en “La costosa ‘apuesta’ de los fondos chilenos de pensiones que deja miles de millones en pérdidas” que las AFP recibían una tasa fija, acumulada en los últimos dos años y pagaban una tasa variable, convenida en los swaps, donde los resultados dependían de los tipos. Con lo que, comenta López, en esta apuesta “se esperaba beneficiar de bajas de tipos de interés en Estados Unidos, las cuales dependen de la Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense”.
Expliquemos que las Administradoras (los dueños de las AFP) no asumen el costo de oportunidad ni las pérdidas de rentabilidad; estas se traspasan íntegramente a los fondos de los cotizantes. El reglamento y el modelo legal chileno operan bajo una estricta separación de patrimonios. El Fondo de Pensiones (de los trabajadores) es donde se acumulan las cotizaciones. El dinero de los swaps y las inversiones se mueve exclusivamente en el Fondo de los trabajadores.
Si una estrategia rinde menos o deja de ganar, el impacto financiero lo sufre directa y únicamente el fondo del afiliado. La Administradora (de los dueños) es la empresa que gestiona los fondos. Sus ingresos provienen de las comisiones fijas o porcentuales que cobran mes a mes por administrar el sueldo de los trabajadores. Ellos ganan dinero por gestionar, independientemente de si la rentabilidad del mes fue excelente o mediocre.
En este sistema el único contrapeso es el “Encaje”. La ley obliga a los dueños de las AFP a mantener un mecanismo llamado Encaje, que equivale al 1% de todo el dinero que administran, invertido en los mismos multifondos que los afiliados. Si el fondo deja de ganar dinero debido a los swaps, los dueños de la AFP “sufren” en la misma proporción solo sobre ese 1% que tienen invertido ahí. El 99% restante del impacto lo absorben los millones de cotizantes.
En definitiva, la estructura legal garantiza que el riesgo de las decisiones macroeconómicas tomadas desde la oficina —como apostar erróneamente a las bajas de tasas en EE.UU.— recaiga sobre el balance futuro de las jubilaciones de los trabajadores, mientras que el negocio de la administradora se mantiene protegido a través del cobro de comisiones.
Parece raro apostar a bajas de tasas cuando todos saben que la sociedad americana gasta más de lo que razonablemente produce.
El IPC norteamericano se mueve en torno a productos que no interesan a los ricos. Esos precios suben porque hay más de 300 millones que corren por imitar a los 30 millones que son ricos-ricos; ricos-intermedios y ricos-de menor categoría.
Por eso el endeudamiento es brutal. Esos 30 millones no necesitan de eso. Para calmar a los 300 millones las tasas suben en lugar de bajar. Hacer la economía desde una oficina en Santiago tiene muchos riesgos. No es lo mismo conocer el EEUU profundo.
Cuando la Superintendencia ordena consolidar o cerrar las cuentas en noviembre en lugar de diciembre tiene una lógica de control de daños y de mercado. Al obligar a reconocer esa “falta de ganancia” (el ajuste de valor de mercado o Mark-to-Market de los swaps) en noviembre, la volatilidad fuerte se absorbe antes. Diciembre es un mes de alta sensibilidad, donde los afiliados revisan sus cartolas de fin de año y los mercados globales tienen menos liquidez. Si metes esa “pérdida de papel” en el último minuto, el impacto reputacional y el ruido político habrían sido el doble de agresivos. En enero, la AFP arranca con una base contable ya sincerada. “Ya dolió lo que tenía que doler en el papel”, y las nuevas proyecciones parten desde la realidad actual de tasas.
En síntesis, quienes diseñaron los swaps asumieron que la Reserva Federal (Fed) bajaría las tasas rápido porque “la inflación general cedía” o porque “la economía se iba a enfriar”. Ignoraron el consumo por imitación y el endeudamiento estructural. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) mide promedios, pero los bienes básicos, los servicios cotidianos y el costo de la deuda (tarjetas de crédito, créditos automotrices) para esos 300 millones de habitantes siguen presionados al alza. La Fed se ve obligada a mantener las tasas altas —o incluso subirlas— porque la masa de la población sigue gastando mediante deuda para mantener un estándar de vida que emula a las clases altas. Si la Fed baja las tasas, inyecta más combustible a ese endeudamiento brutal, disparando la inflación de nuevo. En conclusión: Los jubilados no pierden capital, pero pagan el costo de oportunidad.
El afiliado no ve su saldo en pesos disminuir por una pérdida directa de propiedad. El dinero de su cotización sigue ahí. El problema real es que el fondo perdió tiempo. En el sistema de capitalización individual, el tiempo y el interés compuesto lo son todo. Dejar de ganar un 4% o 5% hoy por una mala apuesta de tasas significa que el fondo se perderá el efecto multiplicador de ese dinero durante los próximos 10 o 15 años.
Octubre 14, 2026