FLUJOS FINANCIEROS ESPECULATIVOS Y ENCAJE EN LA ECONOMÍA CHILENA. Por Héctor Vega

A raíz de mi artículo sobre el impuesto Tobin, Jorge Lavandero comentó las medidas de encaje que el ministro de Hacienda de la época, Carlos Massad, puso en efecto para detener prácticas especulativas que en nada contribuían a nuestra economía. Como muy bien lo señala Jorge en su comentario la especulación sigue y es un capítulo que un gobierno futuro deberá abordar. Trabajemos entonces para un programa de gobierno que nos permita eliminar los excesos de una economía de papel. Más precisamente se trata de denunciar el efecto de la acumulación desenfrenada de capital ficticio que ha llevado a la crisis de la administración de la deuda que adquirió un carácter global.

En el mercado mundial, los flujos financieros están dotados de gran autonomía, aún de aquellas economías que los provocan. Ni siquiera los encajes logran restringir la entrada de capitales especulativos. En Chile durante el período 1996 – 1997, cuando existía una gran oferta de capitales – alrededor de 10% del producto – y a pesar del encaje, las ganancias proyectadas por los inversores eran sustanciales. Esto condujo a un crecimiento desequilibrante de la demanda. En términos simples, el ingreso masivo de capitales se situaba a un nivel muy superior a las necesidades del país.

A fines de 1998, el Banco Central, elevó la tasa de interés de instancia a 14%, lo cual significó que el país entrara en un curso recesivo. Los elementos determinantes fueron: el comportamiento de los valores de la bolsa; las diferenciales de tasas de interés y el tipo de cambio. Un tipo de cambio al alza permitía liquidar las operaciones a un precio superior al precio de entrada, lo cual llevaba a márgenes de ganancia importantes.

Con la eliminación del encaje se esperaba alentar la entrada de capitales, lo cual no se produjo, pues el clima de inversiones es un elemento necesario pero no eficiente para alentar la inversión. Esta se materializa cuando existe la posibilidad de realizar utilidades, lo cual no es posible cuando existe una severa restricción del consumo.

Sin un control sobre las inversiones especulativas, se arriesgan burbujas financieras o alza de precios en la Bolsa más allá de las utilidades de las empresas. Proceso en el cual pende la amenaza de un aterrizaje forzoso, cuando el nivel de precios de las acciones vuelve a la realidad. Los movimientos de la Bolsa tecnológica, en el segundo trimestre del 2000, en el momento de mayor auge de los Estados Unidos, mostraron alzas en las acciones de 300% en circunstancias que las empresas no tenían utilidades, sino meras expectativas.

La entrada masiva de dólares, ante el riesgo de una revalorización del peso, plantea para el Banco Central el problema de sostener su precio, afectándose con ello la producción nacional con un auge de las importaciones y baja de las exportaciones. Con esto, se produce un desequilibrio por causa de importaciones superiores a lo que se recibe por exportaciones, lo cual implica financiar el balance de pagos con medios de pago externos, esto es, aumentando la deuda externa.

Existe cierta lógica constante en la entrada de capitales a las economías latinoamericanas: proliferan los traspasos de propiedad pública a empresas, esto es, las privatizaciones, o concesiones. Veamos un ejemplo. Para completar el tratamiento de aguas servidas de la sanitaria ESSBIO [en 1999], era necesaria la inversión de 35 millones de dólares los cuales equivalen a utilidades de dos años de la empresa. Embarcado en una política de equilibrio fiscal, el gobierno prefirió entregar esa capitalización adicional y su funcionamiento al capital extranjero. El Comité Regional de Defensa del Agua Potable que no era posible entender que se venda una empresa que vale 700 millones de dólares porque falta el equivalente al 5% del patrimonio total de la empresa para completar su desarrollo. Esto denota que más que un aporte a las actividades productivas nacionales se trata de la compra de empresas en pleno funcionamiento. En esos días había una pugna por el control de ESSBIO entre Biwater Capital y la holandesa N.V. Nuon; el grupo integrado por la empresa francesa, Compagnie Générale des Eaux; las firmas franco-españolas Proactiva Medioambiente y la holandesa Fomento de Construcciones y Contratas; Aguas de Chile Limitada, sociedad de Aguas de Portugal; la empresa británica Anglian Water Chile y el grupo Aguas Arauco, integrado por dos firmas ligadas a la inglesa Thames Water. ESSBIO opera 51 localidades de la Octava Región de Chile, incluyendo todos los centros urbanos. A fines de 1999 atendía a unos 350 mil clientes de agua potable y 290 mil de alcantarillado.

En un próximo artículo veremos la Economía de la Deuda en un contexto global.

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