El ministro Quiroz confunde la economía de la dueña de casa con la economía de un país. Entiende que los saldos de la Caja Fiscal constituyen el norte de su gestión económica. Cree a pie juntillas que la no intervención del estado y el control del dinero permitirán un nivel de tasas de interés que garanticen la estabilidad de la economía con empleo y una inflación moderada. Hasta ahí el monetarista-friedmaniano convencido, que ignora las realidades del siglo XXI y las de Chile en particular.
Las crisis provenientes de guerras, el cambio climático (inundaciones, tormentas, desertificación…) epidemias (hanta, covirus…) por su magnitud y alcance global no pueden ser tratadas con criterios de “mercado abierto”.En el siglo XXI, el gasto militar y de seguridad —como el soporte logístico y financiero global de las potencias en Medio Oriente o Europa Oriental— demuestra que el gasto estatal, para el bien que algunos propician (Bienes Públicos), o para el mal que arrastra la violencia y la piratería de las superpotencias, no es un “estímulo temporal”, sino una constante estructural. Esa constante se traduce en Deuda Soberana que en las economías del mundo del siglo XXI alcanza en muchos casos al valor mismo del PIB y en muchos casos lo supera.
En un entorno de conflicto permanente, dejar las decisiones de inversión críticas al arbitrio del mercado abierto expone al país a choques externos destructivos. Es lo que auguran las ideas del ministro Quiroz que cree aportar inversiones mediante la baja del impuesto corporativo del 27% al 23”, conservando la integración con el impuesto personal y medidas sujetas a corrupción tributaria como el FUT. Todo ello en medio de un recorte de Gasto Social del Estado que atenta contra los más vulnerables de la Población.
Ante amenazas existenciales o geopolíticas, la tasa de descuento financiera pierde relevancia; la rentabilidad de un proyecto estratégico de largo plazo no se mide en flujos de caja inmediatos, sino en supervivencia y autonomía nacional. Esto parece ignorarlo el ministro Quiroz.
Una alta tasa de descuento en el análisis desincentiva el gasto social porque exige que los proyectos demuestren una rentabilidad inmediata o excesivamente alta para compensar la “pérdida de valor” del tiempo, lo que suele castigar a las iniciativas con mayor impacto social a largo plazo. Para resolver esas crisis que hoy dejaron de ser de largo plazo no cabe sino enfrentar el empleo con estrategias de asociación entre lo público y lo privado. En esas circunstancias, no cabe sino invertir la argumentación del ministro. En nuestra lógica la Demanda crea el empleo y este el equilibrio monetario que aparece así como factor de estabilidad y equilibrio. No es bajando impuestos que tendrás más inversión. El privado ya tomó sus provisiones. Invierte en el extranjero NO en Chile. En la lógica del ministro las rentabilidades financieras se ubican como factor decisorio de las inversiones. En la misma lógica las preferencias de las AFP es decir, instituciones privadas de lucro bajo un título social, velan por sus intereses mediatos según sus activos financieros. En la misma lógica del ministro Quiroz no existe un plan de transformar activos financieros en activos reales.
(En el mercado abierto se aplican tasas de descuento altas donde los costos oportunidad también son altos. Las situaciones ya citadas obligan a utilizar –si queremos hablar en términos de economía financiera – de tasas de descuento bajas porque los resultados son a 15 o 20 años plazo, ejemplo eliminar listas de esperas, presupuestos de investigación y desarrollo con resultados a 20 años).
La idea decimonónica de un mercado privado perfectamente separado del Estado ya no existe en las economías líderes. La demanda y la innovación en el siglo XXI nacen de la asociación pública-privada.
Es el caso de los países desarrollados de la UE, en EEUU, China y otros. EEUU subsidia de manera estratégica a los semiconductores y al conglomerado bélico-industrial. China se posiciona en los mercados industriales mediante la banca de desarrollo y empresas estatales. En esos casos no se aplica el libre mercado. Se planifica y subsidia al sector industrial.
Al coordinar la idea central del Estado, necesariamente nacional y de largo plazo, con sus medios financieros y la eficiencia operativa que otorgan las organizaciones de trabajadores y las del empresariado, se mitiga el riesgo de ineficiencia burocrática, y se rescatan los proyectos de Bienes Públicos básicos de largo plazo – educación, salud, vivienda social, seguridad social – de la miopía del capital financiero de corto plazo.
La objeción monetarista clásica de que el Estado chileno “arriesgaría las pensiones” al emitir bonos respaldados por las AFP para la formación de un sector minero-industrial queda neutralizada por la naturaleza del activo subyacente: el territorio y sus riquezas estratégicas es decir la riqueza Soberana del Estado de Chile.
Mientras los activos financieros externos del fondo de pensiones están expuestos a la volatilidad de las bolsas internacionales, a burbujas globales o a devaluaciones monetarias, el subsuelo chileno (cobre, oro, molibdeno, rodio, torio, litio, etcétera) posee un valor intrínseco e inquebrantable.
La inversión en FURE. Utilizar el ahorro interno (AFP) para financiar la infraestructura extractiva e industrial de estos minerales no es un gasto, sino una transformación de riqueza líquida en un complejo minero-industrial de alto valor agregado (master alloys). El colateral del bono soberano no es una promesa abstracta de impuestos futuros; es la reserva mineral más grande del planeta.
En este escenario, el equilibrio monetario pasa a ser un medio subordinado a un fin superior: el desarrollo industrial y la resiliencia del empleo. La verdadera audacia económica del siglo XXI no consiste en mantener el capital resguardado en fondos financieros líquidos en el exterior, sino en internalizar esa liquidez para explotar el verdadero patrimonio que el mercado global demanda y que ningún choque financiero puede quebrar.
Nuestra propia crisis es la más peligrosa. Me refiero a subsistir en un mundo que ha cambiado adorando ídolos obsoletos del siglo pasado. Como aquellos que nos trae a memoria el discurso del ministro Quiroz. El futuro de nuestra Nación y nuestra situación en el Mundo nos obliga a la defensa de nuestras riquezas soberanas y repensar nuestra vocación como Pueblo a saber, la transición hacia una economía social de Bienes Públicos, o economía social-solidaria.
Existe un cuadro de referencia nacional que debe tenerse en cuenta y que no es precisamente la referencia del ministro Quiroz. Sin resguardos institucionales propios de la organización del Estado la realidad financiera y de la economía real, la Deuda Soberana no funciona. Eso tampoco lo entendieron los gobiernos anteriores entre ellos el del Sr. Boric. Es en ese cuadro de referencia que predomina la mirada de largo plazo de los Bienes Públicos y las urgencias del presente. La sustentación de la Deuda se basa en una nueva visión de lo social y de la política. Es un problema nacional más allá de las regulaciones del mercado abierto. Además es un problema global y lo global condiciona lo nacional.
Santiago, mayo 17 2026