EL PRN PROPONE BAJAR IMPUESTOS PARA QUE LAS EMPRESAS INVIERTAN. Héctor Vega

El Plan de Reconstrucción Nacional (PRN) del gobierno de José Antonio Kast (ingresado en abril de 2026) retoma la premisa de que la inversión privada es el motor exclusivo del desarrollo.

La propuesta Quiroz/Kast: Se busca bajar el impuesto corporativo del 27% al 23% y volver a la integración total, argumentando que esto «pone plata en el bolsillo» para invertir.

La analogía con los 80: Al igual que en la época de la dictadura cívico-militar la apuesta es que el alivio tributario a las empresas generará tal dinamismo que el bienestar “goteará” hacia el resto, sin necesidad de una expansión del gasto social financiado por el fisco.

En el ámbito de los impuestos corporativos, los economistas Claudio Agostini y Guillermo Larraín (CONCERTACIONISTAS) han planteado el uso de intereses nocionales (específicamente el concepto de Allowance for Corporate Equity o ACE) como una herramienta para fomentar la inversión y neutralizar distorsiones tributarias.

Los intereses nocionales consisten en:

1. Definición del Beneficio

Consiste en permitir que las empresas deduzcan de su base imponible un interés “teórico” o nocional calculado sobre su capital propio. Es decir, se les permite restar de sus utilidades una tasa de retorno estimada (normalmente vinculada a tasas de bonos libres de riesgo) sobre el dinero que los dueños han reinvertido en el negocio.

2. Objetivo de la Propuesta

Neutralidad en el financiamiento: Actualmente, las empresas pueden deducir los intereses que pagan por deudas (préstamos bancarios), pero no hay un beneficio similar por usar capital propio. El interés nocional busca que a la empresa le sea igualmente atractivo financiarse con deuda que con su propio capital.

Fomento a la reinversión: Al permitir esta deducción, se incentiva a las empresas a dejar las utilidades dentro de la compañía para fortalecer su patrimonio en lugar de retirarlas, ya que ese capital «teórico» reduce el impuesto a pagar.

Lo que proponen los economistas concertacionistas como Agostini y Larraín no es una simple “corrección técnica”, sino  una profundización de la capitalización individual a nivel corporativo. Es más, es un fomento a la autarquía financiera es decir, un modelo donde el Estado recorta programas sociales para cuadrar la caja (como se discutió en el Consejo General de Renovación Nacional). Se premia a la empresa que logra ser “autosuficiente” y no depende de deuda externa.

Esta propuesta crea un “precio sombra”, reduce la recaudación fiscal (es el “costo fiscal” de la reforma), queda la duda de cómo se financiarán la salud y la educación.

En síntesis, la propuesta de estos economistas progre solo beneficia la solidez privada mientras el “bien común” sigue sub financiado.

La gran duda que debe ser despejada es la siguiente:

¿Es el interés nocional una herramienta para la estabilidad de un país integrado, o es simplemente otra pieza en el engranaje de un Estado subsidiario que delega la seguridad social al patrimonio privado?

Dentro de esa duda está la práctica que consagró el FUT, hoy revivido de otra manera.

El FUT permitía postergar el pago de impuestos de forma indefinida mientras las utilidades se quedaran en la empresa. El problema fue que muchas empresas usaron esas utilidades acumuladas para financiar: compra de autos, casas o viajes a nombre de la empresa. Retiros encubiertos que nunca pagaban el impuesto final (Global Complementario).

Si no existe un control estricto sobre qué se considera “capital propio” reinvertido, una empresa podría inflar artificialmente su patrimonio para obtener una mayor deducción por intereses nocionales, reduciendo su carga tributaria sin haber generado inversión real.

Santiago mayo 17, 2026

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