En el artículo anterior abordamos el diagnóstico de Alberto Mayol sobre la «locura institucional» —esa descomposición interna donde el Estado deviene en un cuerpo sin vida que repite automatismos— y sostuvimos la urgencia de transitar desde la mera autopsia del daño hacia un patrocinio regenerativo. Sin embargo, para entender cómo un sistema social enferma o se regenera en su nivel más profundo, es indispensable convocar a la mayor revolución epistemológica nacida en Chile: la Biología del Conocer de Humberto Maturana y Francisco Varela.
Maturana y Varela acuñaron el término autopoiesis para definir la naturaleza de lo vivo: un sistema es autopoiético porque se produce, se organiza y se sostiene continuamente a sí mismo. Un ser vivo no es una máquina que recibe insumos y entrega productos; es una red dinámica de procesos cuya meta fundamental es conservar su propia organización existencial.
Cuando trasladamos la autopoiesis al plano de las instituciones humanas y la lectura sociológica de Mayol, la «locura institucional» adquiere una claridad biológica aplastante: la burocracia chilena ha cerrado su ciclo autopoiético sobre sí misma. Ha dejado de acoplarse con la vida del ciudadano para pasar a autoconservar únicamente sus propios cargos, métricas, licitaciones y reglamentos. Es la degradación del sistema: una autopoiesis ciega que se reproduce a costa del desgaste de las personas a las que debería servir.
La enacción: El mundo no se representa, se trae a la mano en el hacer
Es aquí donde el concepto de enacción (enact / traer a la mano), desarrollado por Francisco Varela junto a Evan Thompson y Eleanor Rosch, ilumina la salida a la parálisis. Para el enfoque enactivo, la cognición y la realidad no son mapas preexistentes que la mente se limita a «fotografiar» o representar de forma pasiva. El mundo que habitamos no está «allí afuera» esperando ser administrado, ni «aquí adentro» como una abstracción teórica: el mundo se trae a la mano (se enactúa) a través de la acción corporizada y el acoplamiento estructural con el entorno.
Desde la clínica psicoanalítica y el trabajo en estados de trance ligero ericksoniano, sabemos que un paciente no se transforma acumulando teorías sobre su trauma. Se transforma cuando vive una experiencia somática enactiva: cuando en la seguridad del espacio terapéutico —bajo el patrocinio regenerativo o apapacho de Stephen Gilligan— activa sus recursos latentes y «hace emerger» un nuevo modo de habitar su cuerpo y sus vínculos.
Aplicado a la política pública: el Estado no puede «pensar» la justicia social si no la enactúa en sus prácticas cotidianas de contacto.
Un Estado que se limita a emitir subsidios o fiscalizar requisitos burocráticos está operando bajo la ilusión representacional: cree que la realidad cambia porque firmó un decreto. Pero si la madre en el hospital público no experimenta el amparo somático de la «hora sagrada» piel con piel, o si la cuidadora no recibe la validación concreta de su labor, el mundo que el Estado está traído a la mano es un mundo de desamparo, frustración e inercia.
Las seis sorderas como ruptura del acoplamiento estructural
La descomposición descrita por Mayol no es más que la pérdida sistemática del acoplamiento estructural entre la institucionalidad y la biología de la población. Cuando el Estado ignora las etapas críticas del desarrollo humano, incurre en seis modalidades de ceguera cognitiva y relacional:
- Enactuar el desamparo en el origen: Desacoplar la primera hora de vida del recién nacido de la mirada de su madre es enactuar una impronta de aislamiento en el sistema nervioso del nuevo ciudadano.
- La poda del potencial: Tratar la infancia como un trámite administrativo interrumpe el bucle de interacción enriquecida que requiere el cerebro para desplegar su arquitectura.
- El colapso de las redes invisibles de sostén: La negación del trabajo de cuidado no remunerado es una ceguera sistémica: el Estado destruye las bases de su propia sustentabilidad al no patrocinar la función nutricia de la comunidad.
- La respuesta somática de la cuna vacía: La baja en la tasa de natalidad no es un problema de índices; es el acoplamiento negativo de un cuerpo social que percibe un entorno no viable para albergar la vida.
- Afectividad sin encarnación: Formar en la intimidad desde la instrucción fría y no desde el amparo relacional impide enactuar vínculos de apego seguro.
- La ceguera institucional ante el riesgo: El centinela dormido que no escucha las alertas de violencia de género demuestra que la burocracia ha perdido toda sintonía enactiva con el dolor ajeno.
Hacia una autopoiesis del cuidado: La enmienda como acoplamiento ético
Para recuperar la cordura institucional que reclama la ensayística de Alberto Mayol, no necesitamos más intervenciones punitivas sobre un cuerpo agonizante. Necesitamos un nuevo acoplamiento estructural entre el Estado y el tejido vivo de la nación.
Eso es precisamente lo que persigue la propuesta de Enmienda Constitucional sobre el «Deber Estatal de Escucha Activa y Cuidado»:
- Transformar la autopoiesis burocrática en autopoiesis del amparo: Obligar al sistema a reorganizarse en torno a la conservación y el florecimiento de la vida humana en todas sus etapas.
- Enactuar el amparo vía Presunción de Incumplimiento: Pasar de la promesa abstracta de derechos a un mecanismo legal donde la desatención institucional gatilla respuestas inmediatas. Es la garantía de que el Estado responderá con presencia somática y recursos antes de que ocurra la tragedia.
El verdadero desarrollo económico, democrático y de justicia social de Chile no surgirá de fríos modelos de gestión, sino de nuestra capacidad colectiva para enactuar un mundo donde la vida sea acogida. Traer a la mano un Chile donde la institución no sea una maquinaria sorda, sino la trama interactiva y autopoiética de nuestro mutuo cuidado.
* Psicoanalista Relacional · Creador del Método de Resonancia Límbica TriFOCAL