CARTAS DESDE AMÉRICA. Por Héctor Vega*

Allister Cook fue un periodista que en la segunda mitad del siglo XX llenó todo un período de la BBC. Comencé a escucharlo con avidez en mis años africanos del siglo pasado en sus “Cartas desde América”. Desde entonces autores diversos han reeditado esas cartas las mismas que hoy retomo desde la lejanía de la patria suramericana, pero desde la cercanía de las primeras letras con dos ciudadanas británicas que, curiosamente entre las dos guerras mundiales, decidieron instalarse en el apacible entorno de lo que muchos años después se transformó en la Avenida del Mar serenense.

En esta América del Norte del siglo XXI, Canadá con sus 34 lenguas censadas puede parecer un caso curioso en un mundo donde la diversidad suele presentarse como un atentado a la “unidad nacional”. Esto nunca fue un problema en Canadá, su origen es antiguo, los historiadores lo sitúan en 1774, con un Acta donde los británicos decidieron que su mandato colonizador tenía un límite y que este comenzaba con el respeto a la religión y a las leyes francesas por las cuales se regían los quebequenses. Por eso cuando transitas por la Columbia Británica en el lejano oeste del territorio canadiense, percibes que nadie se siente amenazado por la cultura de los recién llegados y menos con la necesidad de levantar un muro para repelerlos.

Desde esa mirada el nacionalismo americano pudiera parecer racismo si no fuera porque la clase política lo transforma en extrañas formas de seguridad nacional. Esto ha sido una obsesión en los últimos 6 presidentes, desde Reagan [eficazmente acompañado por Juan Pablo II en sus aventuras por los territorios del este que en algún momento estuvieron en la esfera de la URSS] hasta Trump donde, sin exageración, el término se ha ampliado de tal manera que ya no queda territorio del planeta sin prospectar desde el ángulo de la seguridad nacional estadounidense. Esta verdadera obsesión, muy propia de los imperios en la historia de la humanidad, ha tenido consecuencias en el quehacer de la baja clase media norteamericana que comparada con su homóloga canadiense se ha visto comparativamente más afectada con la crisis financiera de 2008 y sucesivas replicas en los años posteriores. Sus ingresos se han estancado y su nivel de vida ha bajado notoriamente. Sus perspectivas no parecen alentadoras sobre todo cuando la guerra comercial con China ya tiene bajas en el frente interno.

La reunión del G20 en Osaka trajo una tregua en esta guerra pero fue demasiado poco para los sectores de agricultores, manufactureros y otros negocios expuestos al intercambio con el país asiático. Trump como presidente-candidato en las elecciones de 2020 ha insistido en el respeto a los derechos de propiedad intelectual en un contexto donde el gobierno chino busca revigorizar su economía en un futuro incierto. Cuando el gobierno americano decidió colocar a Huawei en la Entity List, una lista negra que impide a la compañía adquirir tecnología estadounidense sin un permiso específico del gobierno de EEUU, el objetivo era llevarla a la quiebra y de esa manera eliminar toda posible hegemonía en el mercado –solo en 2019 se calcula que los ingresos de la compañía se han visto afectados en 30 mil millones de dólares. En el intertanto Ren Zhengfei, CEO de Huawei ha demandado ante tribunales por 1000 millones de dólares a Verizon Communications por el impago durante 5 años de patentes comerciales.

En entrevista concedida al Global and Mail, de British Columbia [en su edición de Junio 29, 2019], el Sr. Ren declaró que si los productos de Huawei no pueden ser vendidos en EEUU abrirá otros mercados. En la entrevista titulada “Huawei CEO´s message for Canada: join us and prosper in the 5G future” [“Mensaje a Canadá: ven con nosotros y prospera en el futuro con 5G”] Ren dice tener un Plan B para el caso que las negociaciones con EEUU no prosperen. Explica. En este diferendo Canadá tiene la gran oportunidad de “saltarse” [leap frog] a EEUU en lo que se refiere a la inteligencia artificial; lo que permitiría un avance de diez veces en la productividad. En su visión, la instalación de la tecnología 5G atraería a Canadá inversionistas de todo el mundo, supliendo con ello la escasa población del país. Reconoce sin embargo la importancia de la tecnología americana para la compañía y el soporte que proporciona para los productos y componentes de Huawei –un tercio de sus proveedores son americanas. En el estado actual de cosas Huawei no tiene mas opción que aceptar que el intercambio con EEUU ya no continuará. Desde luego, afirma, estar preparado para esto desde hace tiempo. La dificultad reside en que si fallan los proveedores de componentes necesarios tendrá que revisar completamente el producto final que vende la compañía.

Posterior a la cumbre del G20 Trump decidió que las compañías norteamericanas podrían vender chips a Huawei por un monto de 1000 millones de dólares. Dado el avance de la tecnología y las apuestas que se barajan en el mercado, la propuesta de Trump aparece ridículamente limitada: no satisface ni a la compañía ni a los proveedores norteamericanos. Estos últimos no quieren perder el mercado chino por lo que se preparan para iniciar un pleito contra el gobierno en la Corte Suprema de Estados Unidos.

Las cosas no suceden por azar afirma el Sr. Ren. En algún momento en el pasado Europa tuvo su oportunidad cuando lideró la industrialización en el mundo y ello fue porque su infraestructura había alcanzado un grado muy superior al que tenía China en la época, lo que le permitió crecer con rapidez, la misma que asegura la tecnología 5G en el desarrollo de la cultura, la educación y la economía. “En las próximas décadas, concluye, la mayor revolución de la humanidad vendrá de la inteligencia artificial y la bío-ciencia”.

En los círculos de poder en el Este americano circula una humorada que refleja el sentimiento de la clase política ante los sucesivos volte face y bravuconadas de Trump: “desconfía de tus resultados con rivales equiparados a tus fuerzas. Busca un rival de menor capacidad, pero de ninguna manera superior a ti”.

En la búsqueda de rivales menores el pragmatismo y la política local llevó a enfrentamientos en Panamá y Granada a lo cual se suma la coalición con Inglaterra en la guerra de Las Malvinas. En fin, mini invasiones con efectos asegurados y que nada tienen que ver con rivales relativamente equiparados en enfrentamientos de pronóstico dudoso. Existen además las sorpresas como el caso de la invasión egipcia en el Sinaí en 1973 y los efectos de la primavera árabe en el Magreb y Egipto. El Imperio y su mando aliado, la OTAN en Libia, demostró la incapacidad política del despliegue militar dejando como saldo la destrucción casi irreparable del país y la existencia en el presente de dos regímenes enfrentados a saber, Trípoli y Bengasi con un general disidente cercando a Trípoli.

Para los enfrentamientos de pronóstico incierto, como el caso de Irán, el Imperio ha buscado aliados en su capacidad de proxis como Israel y Arabia Saudita para hacer la tarea en el Medio Oriente. Lo que no ha ido sin riesgos pues Qatar aparece enfrentado a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes de Abu Dabi, caso en el cual el sultanato de Omán aparece ostentando una cierta neutralidad. En todo caso, ninguno de los regímenes del Golfo demostró demasiado entusiasmo en apoyar el caso de EEUU en los incendios provocados a dos tanqueros en el estrecho de Ormuz.

Lejano es el tiempo cuando se disponía de fuerzas invasoras como en los casos de Corea y Vietnam, en escenarios que finalmente se tornaron catastróficos para las fuerzas armadas norteamericanas así como para las fuerzas francesas en la antigua Indochina. A comienzos de los ‘60 De Gaulle, en una evaluación mezcla de pragmatismo y sabiduría, decidió terminar con guerras y sobresaltos coloniales en el África sub sahariana francesa, negociando la independencia de los territorios con los líderes africanos representados en la Asamblea Nacional. Desde esa ya lejana época las aventuras guerreras del Imperio se han sucedido en excursiones donde el rango se ha mantenido entre el fracaso y la decepción. En este balance histórico es posible que las invasiones a Iraq y Libia queden registradas como las últimas en su género.

Su fracaso abre paso a situaciones en que las tensiones internacionales con Irán, China y Rusia se desarrollen en un recuento de capacidades militares. Balance que incluye el potencial nuclear, cibernético, alcance y poder de misiles, etcétera, unido al de fuerzas invasoras en una posible intervención del territorio. Los fracasos del pasado –especialmente en Iraq– abogan por desestimar ese tipo de aventuras terrestres. En el recuento aparecerá la obsolescencia de ciertas armas donde la eficacia de los portaviones por ejemplo, ante el desarrollo de los misiles iraníes ofrece serias dudas. Pero por sobre todo el fantasma de la destrucción mutua pone en duda si acaso del contaje de la máquina de guerra se pasa a la acción. En este marco de cuentas amenazadoras cabe preguntarse si podrá ser mantenida aún por largo tiempo la amplitud del concepto americano de seguridad nacional [?]. En el terreno interno de la política americana es no menor la crítica de la opinión pública sobre si acaso continuará siendo el gobierno americano el mercado cautivo de la industria de la guerra [?] –advertencia histórica en su último mensaje a la Nación del presidente Eisenhower. En algún momento el candidato-presidente tendrá que rendir cuentas frente al electorado del costo de esta trágica rutina de exhibición de las capacidades militares de EEUU frente a las capacidades de sus adversarios en ese orden.

Allister Cook fue un periodista que en la segunda mitad del siglo XX llenó todo un período de la BBC. Comencé a escucharlo con avidez en mis años africanos del siglo pasado en sus “Cartas desde América”. Desde entonces autores diversos han reeditado esas cartas las mismas que hoy retomo desde la lejanía de la patria suramericana, pero desde la cercanía de las primeras letras con dos ciudadanas británicas que, curiosamente entre las dos guerras mundiales, decidieron instalarse en el apacible entorno de lo que muchos años después se transformó en la Avenida del Mar serenense.

En esta América del Norte del siglo XXI, Canadá con sus 34 lenguas censadas puede parecer un caso curioso en un mundo donde la diversidad suele presentarse como un atentado a la “unidad nacional”. Esto nunca fue un problema en Canadá, su origen es antiguo, los historiadores lo sitúan en 1774, con un Acta donde los británicos decidieron que su mandato colonizador tenía un límite y que este comenzaba con el respeto a la religión y a las leyes francesas por las cuales se regían los quebequenses. Por eso cuando transitas por la Columbia Británica en el lejano oeste del territorio canadiense, percibes que nadie se siente amenazado por la cultura de los recién llegados y menos con la necesidad de levantar un muro para repelerlos.

Desde esa mirada el nacionalismo americano pudiera parecer racismo si no fuera porque la clase política lo transforma en extrañas formas de seguridad nacional. Esto ha sido una obsesión en los últimos 6 presidentes, desde Reagan [eficazmente acompañado por Juan Pablo II en sus aventuras por los territorios del este que en algún momento estuvieron en la esfera de la URSS] hasta Trump donde, sin exageración, el término se ha ampliado de tal manera que ya no queda territorio del planeta sin prospectar desde el ángulo de la seguridad nacional estadounidense. Esta verdadera obsesión, muy propia de los imperios en la historia de la humanidad, ha tenido consecuencias en el quehacer de la baja clase media norteamericana que comparada con su homóloga canadiense se ha visto comparativamente más afectada con la crisis financiera de 2008 y sucesivas replicas en los años posteriores. Sus ingresos se han estancado y su nivel de vida ha bajado notoriamente. Sus perspectivas no parecen alentadoras sobre todo cuando la guerra comercial con China ya tiene bajas en el frente interno.

La reunión del G20 en Osaka trajo una tregua en esta guerra pero fue demasiado poco para los sectores de agricultores, manufactureros y otros negocios expuestos al intercambio con el país asiático. Trump como presidente-candidato en las elecciones de 2020 ha insistido en el respeto a los derechos de propiedad intelectual en un contexto donde el gobierno chino busca revigorizar su economía en un futuro incierto. Cuando el gobierno americano decidió colocar a Huawei en la Entity List, una lista negra que impide a la compañía adquirir tecnología estadounidense sin un permiso específico del gobierno de EEUU, el objetivo era llevarla a la quiebra y de esa manera eliminar toda posible hegemonía en el mercado –solo en 2019 se calcula que los ingresos de la compañía se han visto afectados en 30 mil millones de dólares. En el intertanto Ren Zhengfei, CEO de Huawei ha demandado ante tribunales por 1000 millones de dólares a Verizon Communications por el impago durante 5 años de patentes comerciales.

En entrevista concedida al Global and Mail, de British Columbia [en su edición de Junio 29, 2019], el Sr. Ren declaró que si los productos de Huawei no pueden ser vendidos en EEUU abrirá otros mercados. En la entrevista titulada “Huawei CEO´s message for Canada: join us and prosper in the 5G future” [“Mensaje a Canadá: ven con nosotros y prospera en el futuro con 5G”] Ren dice tener un Plan B para el caso que las negociaciones con EEUU no prosperen. Explica. En este diferendo Canadá tiene la gran oportunidad de “saltarse” [leap frog] a EEUU en lo que se refiere a la inteligencia artificial; lo que permitiría un avance de diez veces en la productividad. En su visión, la instalación de la tecnología 5G atraería a Canadá inversionistas de todo el mundo, supliendo con ello la escasa población del país. Reconoce sin embargo la importancia de la tecnología americana para la compañía y el soporte que proporciona para los productos y componentes de Huawei –un tercio de sus proveedores son americanas. En el estado actual de cosas Huawei no tiene mas opción que aceptar que el intercambio con EEUU ya no continuará. Desde luego, afirma, estar preparado para esto desde hace tiempo. La dificultad reside en que si fallan los proveedores de componentes necesarios tendrá que revisar completamente el producto final que vende la compañía.

Posterior a la cumbre del G20 Trump decidió que las compañías norteamericanas podrían vender chips a Huawei por un monto de 1000 millones de dólares. Dado el avance de la tecnología y las apuestas que se barajan en el mercado, la propuesta de Trump aparece ridículamente limitada: no satisface ni a la compañía ni a los proveedores norteamericanos. Estos últimos no quieren perder el mercado chino por lo que se preparan para iniciar un pleito contra el gobierno en la Corte Suprema de Estados Unidos.

Las cosas no suceden por azar afirma el Sr. Ren. En algún momento en el pasado Europa tuvo su oportunidad cuando lideró la industrialización en el mundo y ello fue porque su infraestructura había alcanzado un grado muy superior al que tenía China en la época, lo que le permitió crecer con rapidez, la misma que asegura la tecnología 5G en el desarrollo de la cultura, la educación y la economía. “En las próximas décadas, concluye, la mayor revolución de la humanidad vendrá de la inteligencia artificial y la bío-ciencia”.

En los círculos de poder en el Este americano circula una humorada que refleja el sentimiento de la clase política ante los sucesivos volte face y bravuconadas de Trump: “desconfía de tus resultados con rivales equiparados a tus fuerzas. Busca un rival de menor capacidad, pero de ninguna manera superior a ti”.

En la búsqueda de rivales menores el pragmatismo y la política local llevó a enfrentamientos en Panamá y Granada a lo cual se suma la coalición con Inglaterra en la guerra de Las Malvinas. En fin, mini invasiones con efectos asegurados y que nada tienen que ver con rivales relativamente equiparados en enfrentamientos de pronóstico dudoso. Existen además las sorpresas como el caso de la invasión egipcia en el Sinaí en 1973 y los efectos de la primavera árabe en el Magreb y Egipto. El Imperio y su mando aliado, la OTAN en Libia, demostró la incapacidad política del despliegue militar dejando como saldo la destrucción casi irreparable del país y la existencia en el presente de dos regímenes enfrentados a saber, Trípoli y Bengasi con un general disidente cercando a Trípoli.

Para los enfrentamientos de pronóstico incierto, como el caso de Irán, el Imperio ha buscado aliados en su capacidad de proxis como Israel y Arabia Saudita para hacer la tarea en el Medio Oriente. Lo que no ha ido sin riesgos pues Qatar aparece enfrentado a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes de Abu Dabi, caso en el cual el sultanato de Omán aparece ostentando una cierta neutralidad. En todo caso, ninguno de los regímenes del Golfo demostró demasiado entusiasmo en apoyar el caso de EEUU en los incendios provocados a dos tanqueros en el estrecho de Ormuz.

Lejano es el tiempo cuando se disponía de fuerzas invasoras como en los casos de Corea y Vietnam, en escenarios que finalmente se tornaron catastróficos para las fuerzas armadas norteamericanas así como para las fuerzas francesas en la antigua Indochina. A comienzos de los ‘60 De Gaulle, en una evaluación mezcla de pragmatismo y sabiduría, decidió terminar con guerras y sobresaltos coloniales en el África sub sahariana francesa, negociando la independencia de los territorios con los líderes africanos representados en la Asamblea Nacional. Desde esa ya lejana época las aventuras guerreras del Imperio se han sucedido en excursiones donde el rango se ha mantenido entre el fracaso y la decepción. En este balance histórico es posible que las invasiones a Iraq y Libia queden registradas como las últimas en su género.

Su fracaso abre paso a situaciones en que las tensiones internacionales con Irán, China y Rusia se desarrollen en un recuento de capacidades militares. Balance que incluye el potencial nuclear, cibernético, alcance y poder de misiles, etcétera, unido al de fuerzas invasoras en una posible intervención del territorio. Los fracasos del pasado –especialmente en Iraq– abogan por desestimar ese tipo de aventuras terrestres. En el recuento aparecerá la obsolescencia de ciertas armas donde la eficacia de los portaviones por ejemplo, ante el desarrollo de los misiles iraníes ofrece serias dudas. Pero por sobre todo el fantasma de la destrucción mutua pone en duda si acaso del contaje de la máquina de guerra se pasa a la acción. En este marco de cuentas amenazadoras cabe preguntarse si podrá ser mantenida aún por largo tiempo la amplitud del concepto americano de seguridad nacional [?]. En el terreno interno de la política americana es no menor la crítica de la opinión pública sobre si acaso continuará siendo el gobierno americano el mercado cautivo de la industria de la guerra [?] –advertencia histórica en su último mensaje a la Nación del presidente Eisenhower. En algún momento el candidato-presidente tendrá que rendir cuentas frente al electorado del costo de esta trágica rutina de exhibición de las capacidades militares de EEUU frente a las capacidades de sus adversarios en ese orden.

Mantener la paz en esta geopolítica de la seguridad nacional del Imperio resulta política y económicamente desgastante para unos y otros, lo que no hace sino recordar la obsolescencia de las instituciones de Bretton Woods creadas por los vencedores al fin de la segunda guerra mundial y el mayor fracaso de NNUU en los escenarios del terror en que se desarrolla el recuento de fuerzas. Este sin dudas será el balance final al que en algún momento tendrá que rendirse la clase política frente a la opinión pública internacional.

Allister Cook fue un periodista que en la segunda mitad del siglo XX llenó todo un período de la BBC. Comencé a escucharlo con avidez en mis años africanos del siglo pasado en sus “Cartas desde América”. Desde entonces autores diversos han reeditado esas cartas las mismas que hoy retomo desde la lejanía de la patria suramericana, pero desde la cercanía de las primeras letras con dos ciudadanas británicas que, curiosamente entre las dos guerras mundiales, decidieron instalarse en el apacible entorno de lo que muchos años después se transformó en la Avenida del Mar serenense.

En esta América del Norte del siglo XXI, Canadá con sus 34 lenguas censadas puede parecer un caso curioso en un mundo donde la diversidad suele presentarse como un atentado a la “unidad nacional”. Esto nunca fue un problema en Canadá, su origen es antiguo, los historiadores lo sitúan en 1774, con un Acta donde los británicos decidieron que su mandato colonizador tenía un límite y que este comenzaba con el respeto a la religión y a las leyes francesas por las cuales se regían los quebequenses. Por eso cuando transitas por la Columbia Británica en el lejano oeste del territorio canadiense, percibes que nadie se siente amenazado por la cultura de los recién llegados y menos con la necesidad de levantar un muro para repelerlos.

Desde esa mirada el nacionalismo americano pudiera parecer racismo si no fuera porque la clase política lo transforma en extrañas formas de seguridad nacional. Esto ha sido una obsesión en los últimos 6 presidentes, desde Reagan [eficazmente acompañado por Juan Pablo II en sus aventuras por los territorios del este que en algún momento estuvieron en la esfera de la URSS] hasta Trump donde, sin exageración, el término se ha ampliado de tal manera que ya no queda territorio del planeta sin prospectar desde el ángulo de la seguridad nacional estadounidense. Esta verdadera obsesión, muy propia de los imperios en la historia de la humanidad, ha tenido consecuencias en el quehacer de la baja clase media norteamericana que comparada con su homóloga canadiense se ha visto comparativamente más afectada con la crisis financiera de 2008 y sucesivas replicas en los años posteriores. Sus ingresos se han estancado y su nivel de vida ha bajado notoriamente. Sus perspectivas no parecen alentadoras sobre todo cuando la guerra comercial con China ya tiene bajas en el frente interno.

La reunión del G20 en Osaka trajo una tregua en esta guerra pero fue demasiado poco para los sectores de agricultores, manufactureros y otros negocios expuestos al intercambio con el país asiático. Trump como presidente-candidato en las elecciones de 2020 ha insistido en el respeto a los derechos de propiedad intelectual en un contexto donde el gobierno chino busca revigorizar su economía en un futuro incierto. Cuando el gobierno americano decidió colocar a Huawei en la Entity List, una lista negra que impide a la compañía adquirir tecnología estadounidense sin un permiso específico del gobierno de EEUU, el objetivo era llevarla a la quiebra y de esa manera eliminar toda posible hegemonía en el mercado –solo en 2019 se calcula que los ingresos de la compañía se han visto afectados en 30 mil millones de dólares. En el intertanto Ren Zhengfei, CEO de Huawei ha demandado ante tribunales por 1000 millones de dólares a Verizon Communications por el impago durante 5 años de patentes comerciales.

En entrevista concedida al Global and Mail, de British Columbia [en su edición de Junio 29, 2019], el Sr. Ren declaró que si los productos de Huawei no pueden ser vendidos en EEUU abrirá otros mercados. En la entrevista titulada “Huawei CEO´s message for Canada: join us and prosper in the 5G future” [“Mensaje a Canadá: ven con nosotros y prospera en el futuro con 5G”] Ren dice tener un Plan B para el caso que las negociaciones con EEUU no prosperen. Explica. En este diferendo Canadá tiene la gran oportunidad de “saltarse” [leap frog] a EEUU en lo que se refiere a la inteligencia artificial; lo que permitiría un avance de diez veces en la productividad. En su visión, la instalación de la tecnología 5G atraería a Canadá inversionistas de todo el mundo, supliendo con ello la escasa población del país. Reconoce sin embargo la importancia de la tecnología americana para la compañía y el soporte que proporciona para los productos y componentes de Huawei –un tercio de sus proveedores son americanas. En el estado actual de cosas Huawei no tiene mas opción que aceptar que el intercambio con EEUU ya no continuará. Desde luego, afirma, estar preparado para esto desde hace tiempo. La dificultad reside en que si fallan los proveedores de componentes necesarios tendrá que revisar completamente el producto final que vende la compañía.

Posterior a la cumbre del G20 Trump decidió que las compañías norteamericanas podrían vender chips a Huawei por un monto de 1000 millones de dólares. Dado el avance de la tecnología y las apuestas que se barajan en el mercado, la propuesta de Trump aparece ridículamente limitada: no satisface ni a la compañía ni a los proveedores norteamericanos. Estos últimos no quieren perder el mercado chino por lo que se preparan para iniciar un pleito contra el gobierno en la Corte Suprema de Estados Unidos.

Las cosas no suceden por azar afirma el Sr. Ren. En algún momento en el pasado Europa tuvo su oportunidad cuando lideró la industrialización en el mundo y ello fue porque su infraestructura había alcanzado un grado muy superior al que tenía China en la época, lo que le permitió crecer con rapidez, la misma que asegura la tecnología 5G en el desarrollo de la cultura, la educación y la economía. “En las próximas décadas, concluye, la mayor revolución de la humanidad vendrá de la inteligencia artificial y la bío-ciencia”.

En los círculos de poder en el Este americano circula una humorada que refleja el sentimiento de la clase política ante los sucesivos volte face y bravuconadas de Trump: “desconfía de tus resultados con rivales equiparados a tus fuerzas. Busca un rival de menor capacidad, pero de ninguna manera superior a ti”.

En la búsqueda de rivales menores el pragmatismo y la política local llevó a enfrentamientos en Panamá y Granada a lo cual se suma la coalición con Inglaterra en la guerra de Las Malvinas. En fin, mini invasiones con efectos asegurados y que nada tienen que ver con rivales relativamente equiparados en enfrentamientos de pronóstico dudoso. Existen además las sorpresas como el caso de la invasión egipcia en el Sinaí en 1973 y los efectos de la primavera árabe en el Magreb y Egipto. El Imperio y su mando aliado, la OTAN en Libia, demostró la incapacidad política del despliegue militar dejando como saldo la destrucción casi irreparable del país y la existencia en el presente de dos regímenes enfrentados a saber, Trípoli y Bengasi con un general disidente cercando a Trípoli.

Para los enfrentamientos de pronóstico incierto, como el caso de Irán, el Imperio ha buscado aliados en su capacidad de proxis como Israel y Arabia Saudita para hacer la tarea en el Medio Oriente. Lo que no ha ido sin riesgos pues Qatar aparece enfrentado a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes de Abu Dabi, caso en el cual el sultanato de Omán aparece ostentando una cierta neutralidad. En todo caso, ninguno de los regímenes del Golfo demostró demasiado entusiasmo en apoyar el caso de EEUU en los incendios provocados a dos tanqueros en el estrecho de Ormuz.

Lejano es el tiempo cuando se disponía de fuerzas invasoras como en los casos de Corea y Vietnam, en escenarios que finalmente se tornaron catastróficos para las fuerzas armadas norteamericanas así como para las fuerzas francesas en la antigua Indochina. A comienzos de los ‘60 De Gaulle, en una evaluación mezcla de pragmatismo y sabiduría, decidió terminar con guerras y sobresaltos coloniales en el África sub sahariana francesa, negociando la independencia de los territorios con los líderes africanos representados en la Asamblea Nacional. Desde esa ya lejana época las aventuras guerreras del Imperio se han sucedido en excursiones donde el rango se ha mantenido entre el fracaso y la decepción. En este balance histórico es posible que las invasiones a Iraq y Libia queden registradas como las últimas en su género.

Su fracaso abre paso a situaciones en que las tensiones internacionales con Irán, China y Rusia se desarrollen en un recuento de capacidades militares. Balance que incluye el potencial nuclear, cibernético, alcance y poder de misiles, etcétera, unido al de fuerzas invasoras en una posible intervención del territorio. Los fracasos del pasado –especialmente en Iraq– abogan por desestimar ese tipo de aventuras terrestres. En el recuento aparecerá la obsolescencia de ciertas armas donde la eficacia de los portaviones por ejemplo, ante el desarrollo de los misiles iraníes ofrece serias dudas. Pero por sobre todo el fantasma de la destrucción mutua pone en duda si acaso del contaje de la máquina de guerra se pasa a la acción. En este marco de cuentas amenazadoras cabe preguntarse si podrá ser mantenida aún por largo tiempo la amplitud del concepto americano de seguridad nacional [?]. En el terreno interno de la política americana es no menor la crítica de la opinión pública sobre si acaso continuará siendo el gobierno americano el mercado cautivo de la industria de la guerra [?] –advertencia histórica en su último mensaje a la Nación del presidente Eisenhower. En algún momento el candidato-presidente tendrá que rendir cuentas frente al electorado del costo de esta trágica rutina de exhibición de las capacidades militares de EEUU frente a las capacidades de sus adversarios en ese orden.

Mantener la paz en esta geopolítica de la seguridad nacional del Imperio resulta política y económicamente desgastante para unos y otros, lo que no hace sino recordar la obsolescencia de las instituciones de Bretton Woods creadas por los vencedores al fin de la segunda guerra mundial y el mayor fracaso de NNUU en los escenarios del terror en que se desarrolla el recuento de fuerzas. Este sin dudas será el balance final al que en algún momento tendrá que rendirse la clase política frente a la opinión pública internacional.

Mantener la paz en esta geopolítica de la seguridad nacional del Imperio resulta política y económicamente desgastante para unos y otros, lo que no hace sino recordar la obsolescencia de las instituciones de Bretton Woods creadas por los vencedores al fin de la segunda guerra mundial y el mayor fracaso de NNUU en los escenarios del terror en que se desarrolla el recuento de fuerzas. Este sin dudas será el balance final al que en algún momento tendrá que rendirse la clase política frente a la opinión pública internacional.

Septiembre 20, 2019

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