CRISIS DEL CAPITALISMO MAFIOSO

Por Héctor Vega*
El verdadero tinglado financiero que las grandes bancas practicaban en EEUU, a vista y paciencia de las autoridades – que por su parte no pueden alegar ignorancia – infectó a las mayores economías del planeta, pues las mafias bancarias europeas, asiáticas, latinoamericanas y del Medio Oriente también participaban alegremente en el mismo juego.

La venta de paquetes de garantías hipotecarias sin respaldo, con otras que sí lo tenían, permitió comercializar dichos paquetes, engañando la credibilidad pública con la complicidad de aseguradoras y calificadoras de riesgos.

La primera señal de alerta a la opinión pública mundial fue el rescate de dos firmas norteamericanas [Fannie Mae y Freddie Mac], con respaldo estatal, que comercializaban la deuda, vendiéndola a inversionistas bajo la forma de bonos. La suma de estos bonos representan nada menos que el 86% del PIB de EEUU, esto es 12 billones de dólares [millón de millones, o sea 12.000.000.000.000] y 50% de todas las hipotecas negociadas en EEUU, esto es alrededor de 7 millones 500 mil hipotecas. Sin embargo, el golpe decisivo a la credibilidad del sistema bancario vino de la mayor aseguradora del mercado, AIG [American International Group] que congeló sus operaciones por falta de liquidez. Brecha que el Estado norteamericano se apresuró a llenar proveyendo 85 mil millones de dólares.

El modelo norteamericano y el inglés de rescate tienen un piso común, pues de lo que se trata, independientemente de las modalidades, es de contener la crisis mediante intervenciones coordinadas: [1] recapitalizar bancos privados insolventes; [2] restablecer el funcionamiento de los créditos entre bancos y ampliar la provisión de liquidez; y [3] garantizar que los depósitos privados fueran respetados hasta un monto determinado.

En el caso inglés, Gordon Brown varió su posición inicial de no involucrarse en la compra de bancos con el anuncio de destinar 50.000 millones de libras

[i.e. 87.459 millones de dólares, o 63.760 millones de euros]

para la recapitalización de los bancos Abbey, Barclays, HBOS, HSBC, Lloyd TSB, Nationwide, Royal Bank of Scotland y Standard Chartered lo cual equivale a la nacionalización parcial de estos bancos. Con esta medida los 8 bancos estarían en situación de asumir el ratio de capital Tier 1 establecido en el acuerdo de Basilea. Se comenta que el cambio en la estrategia de Brown se debió a que el 30 de septiembre Irlanda decidió garantizar todos los depósitos bancarios con lo cual Inglaterra temió que los depósitos británicos huyeran hacia los bancos irlandeses.

Al igual que en Inglaterra, esta vez Henry Paulson, Secretario del Tesoro de EEUU, dejó de lado la compra de los “activos tóxicos” [decisión que habría terminado de hundir la credibilidad del gobierno Bush, pues con ello protegía a los especuladores] y decidió comprar acciones en 8 bancos de la plaza: Bank of America, JP Morgan, Citygroup, Wells Farco, Goldman, Morgan Stanley, Bank of New York Mellon y State Street. Pese a la intervención, Paulson declaró que el Estado no tendría derecho a voto en las decisiones de los bancos.

En conjunto la intervención europea llega a 2,3 billones de dólares y triplica los 700 mil millones de dólares de la intervención norteamericana.

Con la compra de bancos en quiebra el Estado evita en el corto plazo el colapso de la banca y de la economía real, mediante el restablecimiento del préstamo interbancario con garantías y la fijación de una tasa Libor compatible con los fondos que la FED pone en el mercado. Las nuevas regulaciones acerca del funcionamiento de las instituciones en el mercado financiero van de la mano con el control del Estado sobre los 8 bancos intervenidos.

Sin embargo, nada indica la viabilidad del sistema. Es más, se instala de manera permanente la duda acerca de su credibilidad y la condena a la “economía de papel”. La autorregulación y auto estabilización del mercado financiero pasan a la categoría de un mito inalcanzable. Lo demuestran las alzas y bajas en la bolsa durante los dos días que siguieron los anuncios, precisamente los mismos dos días que se han visto en el caso de crisis anteriores, para volver a las fluctuaciones a la baja, revelando la desconfianza generalizada en el público.

Concretamente, el ejercicio de rescate revela la inexistencia de prima alguna en la “economía de papel” capaz de cubrir los riesgos que el sistema financiero y sus operadores proponían al público cuando recorrían el planeta vendiendo la deuda de instituciones en quiebra.

En lo inmediato existen varios puntos de inflexión, o de crisis, que en el mediano plazo anuncian la transición hacia una nueva era en la economía.

En lo estrictamente financiero deberá establecerse un nuevo valor de las propiedades; la revalorización de la deuda y con ello un nuevo sistema de primas de las deudas [“dividendos”]. En el mercado de futuros de bienes sensibles, como los de la energía y en cuanto subyacentes de derivados complejos por su presión sobre la economía real, los Estados deberán establecer controles inéditos en el mercado financiero. Surgirán contagios hacia créditos impagos como los estudiantiles, de consumo, subvenciones de desempleo y otros que derivarán en falencias financieras de corporaciones de la ciudad.

En EEUU, debido a la contracción de la construcción, el sector automotriz y el comercio minorista y servicios, el leve repunte del empleo en 2007, quedará atrás con tasas de desempleo por sobre 7% en 2008. El sector manufacturero sufrirá pérdidas de puestos de trabajo que en una proyección muy conservadora pueden llegar a 25.000 a noviembre de 2008. El sector automotriz anuncia reestructuraciones como la fusión de GM con Chrysler e importantes pérdidas de puestos de empleo. La fuerza laboral latinoamericana con 21,5 millones de personas cuenta hoy con casi 2 millones de desempleados.

En alguna ocasión Arthur Schlesinger, historiador y consejero del presidente Kennedy, sostuvo que el reclamo de Washington por la pureza fiscal era indecoroso, “viniendo de un país que había financiado gran parte de su propio desarrollo mediante la inflación, la emisión incontrolada de papel moneda y la venta de títulos a inversionistas extranjeros, para negarse luego a reconocerlos”. Estos dichos cobran actualidad y revelan la existencia de una deuda gemela [interna y externa] de un billón de dólares. El consumo y despilfarro de más de lo que se produce y las guerras de ultramar han pasado la cuenta a EEUU. Su repartija de deuda, le ha llevado a amenazar con sanciones comerciales a China para forzar la reevaluación del yuan. A lo cual el Banco Central de China respondió que “deberá vender dólares si el yuan es reevaluado, lo que podría provocar una devaluación masiva del dólar”. Entretanto, China invierte su superávit en dólares, bonos del tesoro y activos reales. Un dato no menor: la reserva en divisas de China es nada menos que 1,33 billones de dólares, i.e. 9,5% del PIB de EEUU.

En conclusión, la intervención del gobierno en la propiedad de los establecimientos bancarios implica regulaciones severas en la industria bancaria y financiera. El público espera que con sus contribuciones se eliminen intermediarios especulativos y fraudulentos. En la economía real se prevé un reajuste en los niveles de demanda a la baja y con ello una presión deflacionaria, que llevará a importantes reajustes en la economía real. La caída en la actividad productiva se medirá en quiebra de empresas o paralización de actividades, a lo cual seguirá una secuela de desempleos.

La reacción no puede provenir sino de una política contra-cíclica con inversiones en obras públicas y en nuevos proyectos energéticos, incluyendo fuentes de energía alternativa. Sin embargo, la transformación económica vendrá de la planificación de los gastos públicos y su compatibilidad temporal con los grandes cambios en la calidad de vida que imponga el entorno económico.

En fin, las restricciones actuales imponen una economía de guerra, es decir un reto a la economía del despilfarro que caracteriza a la sociedad norteamericana y la negativa demostración que involucra a sus esferas de influencia más cercana, entre otras Europa y Latinoamérica. Pero la crisis tiene además una influencia significativa en la geopolítica de EEUU. La influencia de EEUU ya no será la misma. Esta vez deberá negociar su presencia en el mundo y entender que el sistema que pregonaba inicia una declinación irreversible lo cual conduce a nuevas relaciones de poder en el mundo.

* Abogado y Economista

15/10/08

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