La «enfermedad priónica» del Estado chileno: Una respuesta a la «locura institucional» de Alberto Mayol. Humberto Del Pozo López*

En la ensayística política chilena reciente, pocas miradas han resultado tan agudas, rigurosas e imprescindible como la de Alberto Mayol. Su capacidad para diagnosticar la anatomía del malestar y desnudarnos las trampas del modelo merece no solo atenta lectura, sino un reconocimiento profundo: hay que agradecer la honestidad intelectual con la que ha trazado la imagen de la «locura institucional», ese fenómeno donde el Estado no colapsa por la llegada de un virus externo o una fuerza enemiga, sino por una descomposición endógena. Es el mérito de Mayol haber visibilizado esa patología donde la burocracia sigue firmando expedientes, levantando métricas y celebrando comités mientras el tejido social debajo de ella se llena de agujeros espongiformes.

Frente a semejante diagnóstico de frialdad burocrática, la tentación habitual de la política es responder con más organigramas, leyes punitivas o métricas de control. Sin embargo, la respuesta a una patología del vínculo no se encuentra en la técnica, sino en la restauración de un gesto humano fundamental.

«Es un poco vergonzoso que, después de cuarenta y cinco años de investigación y estudio, el mejor consejo que puedo darle a la gente sea ser un poco más amables entre nosotros», dijo Aldous Huxley cerca del final de su vida. Toda una existencia dedicada al estudio, resumida en algo que sonaba, según él mismo reconoció, casi vergonosamente simple. Pero «ser amable» no es un estado que ocurre solo porque se decide; es un gesto que necesita, para producir un efecto real, completarse con otro: que ese gesto llegue y que algo en el otro lo confirme.

Resonar viene del latín resonare —»volver a sonar»—: el eco que regresa después de que un sonido golpea una superficie y rebota. Apapachar es el sonido que se ofrece —la amabilidad de Huxley hecha gesto—; resonar es el eco que confirma que ese sonido llegó a alguien y no se perdió en el silencio.

Lo que pocas veces se explora es que este mismo movimiento no solo describe un vínculo entre dos personas. También describe, con precisión inquietante, la relación entre un Estado y su ciudadanía —y ahí es donde la amabilidad de Huxley deja de ser un consejo personal para convertirse en una pregunta política.

En mi libro Ni Sonrojo, Ni Oído —que bien podría haber subtitulado El Prión de la Sordera Social—, planteo que la «locura institucional» analizada por Mayol en Malestar social y crisis política no es más que la consecuencia macro-política de una cadena de sorderas aprendidas que comienza en el cuerpo, en el apego y en la piel naciente.

La doble hélice de la descomposición y el método TriFOCAL

El prión —esa proteína mal plegada que contagia a las sanas por mero contacto e inercia, sin violencia aparente— actúa en Chile a través de tres focos y dos hélices simétricas de desatención que estructuran las seis sorderas fundamentales de nuestro tejido social:

FOCO 1 — ¿Hay una superficie colectiva lista para que algo resuene?

Antes de cualquier discurso político, el sistema nervioso de una ciudadanía entera ya decidió si una institución es segura o amenazante. La confianza cívica es un veredicto neuroceptivo: el resultado automático de años de señales de abandono o cuidado institucional acumuladas en el cuerpo colectivo.

  • La Primera Sordera (La primera hora sagrada robada): Un Estado que no cumplió la primera hora de vida de sus recién nacidos no puede simplemente pedirle a su ciudadanía que confíe más. La «rotación de camas» hospitalaria y la privación del contacto piel con piel en los primeros 60 minutos extrauterinos constituyen el prión original. Es la interrupción violenta de la impronta neurobiológica del apego, donde el recién nacido aprende, en su primer minuto de existencia, que el regazo no responde y que el contacto se posterga por criterio de gestión.

FOCO 2 — ¿A quién, dentro de la ciudadanía, le habla realmente la política?

La tríada de Franz Ruppert —Parte Sana, Parte Traumatizada, Estrategias de Supervivencia— tiene un equivalente colectivo. Ser amable con una ciudadanía traumatizada exige reconocer desde qué parte está respondiendo, sin asumir que siempre habla su Parte Sana.

  • La Segunda Sordera (La primera infancia y el abandono neurobiológico): En una lúcida columna en El Mostrador, Mario Waisbluth calificó de obscenidad la falta de cuidado estatal para evitar la poda neuronal severa en la primera infancia. La evidencia neurocientífica es categórica: la privación afectiva, la falta de estimulación temprana y la ausencia de sostén comunitario en los primeros tres años recortan irreversiblemente el árbol dendrítico del cerebro infantil. El Estado chileno, al tratar la educación e infancia temprana como un gasto prescindible y no como una urgencia biológica, condena a miles de niños a una podredumbre arquitectónica silenciosa. Esa poda neuronal no es solo un déficit biológico; es la segunda sordera que amputa el potencial de la persona antes de que pueda nombrar su dolor.
  • La Tercera Sordera (El cuidado invisible y no remunerado): Es la ceguera institucional ante las miles de personas —predominantemente mujeres— que sostienen la vida y la economía familiar mediante el trabajo de cuidado no remunerado. Al no otorgar reconocimiento previsional ni económico a este esfuerzo, el Estado legitima la extenuación del cuidador y enseña que la entrega y el sostén del vulnerable carecen de valor público.

FOCO 3 — ¿Qué resuena cuando la retórica no alcanza?

Toda demanda ciudadana —seguridad, empleo, educación— contiene siempre algo que la excede: el deseo de fondo de pertenecer y ser reconocido. Cuando una política responde solo a la demanda literal con subsidios, produce aplausos sin resonancia real.

  • La Cuarta Sordera (La cuna vacía y el repliegue de la vida): La caída drástica de la natalidad en Chile no es un mero fenómeno demográfico ni una decisión individual aislada; es la respuesta somática de una sociedad entera que aprendió que no existen condiciones de amparo para la vida. El cuerpo social se repliega y la cuna queda vacía porque la ciudadanía registra la falta de resguardo estructural.
  • La Quinta Sordera (La intimidad sin brújula): Quince años de debate estéril sobre educación sexual y afectiva han dejado a la adolescencia sin herramientas de educación vincular integral. Al reducir el afecto a la métrica, al algoritmo o a la prevención puramente biológica, se despoja a los jóvenes de la capacidad de sostener intimidad y apego sano, enseñándoles implícitamente que amar y desaparecer son la misma cosa.
  • La Sexta Sordera (El centinela dormido ante la violencia de género): En 2025, Chile registró 330 femicidios frustrados. El 50,9% de esas mujeres ya había denunciado a su agresor, pero solo el 12,4% contaba con una medida cautelar vigente al momento del ataque. Es el ejemplo más brutal del «centinela dormido» que describe Mayol: el Estado escuchó —hubo denuncia, hubo expediente, hubo registro—, pero la amabilidad institucional y la protección real no llegaron a tiempo para producir el único eco que importaba: que esa mujer siguiera viva.

La amabilidad de Huxley, aplicada a un país entero: El Patrocinio Regenerativo

Un Estado que pretende cuidar o gestionar sin que nada resuene se vuelve un gesto vacío, un ritual sin sustancia. Una ciudadanía a la que se le pide resonar sin haber sido cuidada primero no tiene, literalmente, ningún sonido que hacer eco.

Frente a esta parálisis burocrática, recojo la ética de Jacques Lacan (el amor como un salir al encuentro), la filosofía sistémica de Bert Hellinger (la restitución del orden del dar y recibir) y el marco del Patrocinio Regenerativo —entendido como la capacidad institucional de reconocer, nombrar y sostener los recursos latentes del cuerpo social— para formular una Propuesta de Enmienda Constitucional dirigida al debate público y, muy especialmente, a la discusión con teóricos de la crisis como Alberto Mayol.

La iniciativa busca consagrar en la Carta Fundamental el «Deber Estatal de Escucha Activa y Cuidado», traduciendo el Patrocinio Regenerativo en un marco normativo concreto para que el eje del Estado gire decididamente hacia el «Escuchar & Apapachar».

Los ejes clave del texto normativo

  • Presunción de incumplimiento (Inciso 2º): Constituye el corazón jurídico de la reforma. Se presume legalmente que el Estado ha faltado a su deber constitucional si, tras la existencia de una solicitud, denuncia o alerta de vulnerabilidad de un ciudadano —incluyendo la protección contra la poda neuronal en la infancia o alertas de violencia—, la respuesta efectiva no se materializa dentro de plazos legales prefijados. Es la cláusula diseñada para despertar al centinela.
  • Blindaje presupuestario (Inciso 3º y 6º): La norma prohíbe reducir el gasto destinado a la escucha y el cuidado por debajo del promedio de los últimos tres ejercicios fiscales. Además, crea un fondo permanente financiado con rentas subcapturadas de recursos estratégicos (litio, cobre y derechos de agua), aislando el cuidado del ciclo político-electoral.
  • Garantías sustantivas (Inciso 4º): Exige rango de ley para la hora piel con piel inmediata, la protección absoluta de la primera infancia frente a la privación neurobiológica, el acceso universal a la educación inicial, el reconocimiento previsional al trabajo de cuidado no remunerado, la fiscalización real de cautelares ante violencia de género y la educación afectiva integral.
  • Órgano Autónomo de Fiscalización (Inciso 5º): Un organismo autónomo de rango constitucional encargado de medir el cumplimiento del patrocinio regenerativo e «apapacho institucional», e informar anualmente ante el Congreso Pleno cada 21 de mayo.

Un puente entre el análisis sociológico y la reparación del tejido

En la sección final de Ni Sonrojo, Ni Oído, someto mi propia tesis a un severo tribunal de voces críticas —dialogando hipotéticamente con Dostoievski, Gramsci, Maturana, Žižek y Freire— para evitar que el «apapacho» se convierta en una categoría burocrática más o en un mero fetichismo cínico.

Dejo esta invitación abierta sobre la mesa para Alberto Mayol y los analistas del colapso institucional: comprender por qué el centinela chileno sigue durmiendo mientras suena la alarma. Si el prión es esa proteína mal plegada que contagia su deformidad por mera inercia y contacto —desorganizando el tejido social desde la primera hora de vida—, la respuesta no puede ser más burocracia ciega. La biología nos enseña que el mal plegamiento no es una condena irreversible: la escucha activa y el Patrocinio Regenerativo son la única arquitectura capaz de volver a plegar bien la proteína sana del vínculo, restaurando el sentido antes de que el cuerpo social colapse.

* Psicoanalista Relacional · Constelador Sistémico · Creador del Método de Resonancia Límbica TriFOCAL

Santiago, agosto 29 2026

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